Con las encuestas de intención de voto en la mano las elecciones del próximo día 24 las ganará el CDU y el segundo volverá a ser el SPD. Los dos grandes partidos se repartirán el voto de manera muy parecida a los comicios de 2013. El CDU se mueve en una horquilla del 25-40% (actualmente tiene el 41,5%) y el SPD lo hace en torno al 25% (actualmente tiene el 25,7%). Por lo que la posibilidad de que se reedite la gran coalición actual es muy factible.
Por la CDU la candidata es Angela Merkel, que no necesita mucha presentación. Lleva ahí desde 2005 y quiere seguir hasta 2021. Para entonces tendrá ya 67 años y habrá igualado a Helmut Kohl en tiempo al frente de la cancillería: 16 años, dos más que Konrad Adenauer, fundador de la Bundesrepublik.
Por el SPD se presenta Martin Schulz, un socialdemócrata renano un año más joven que Merkel y que todos conocemos porque fue durante muchos años presidente del parlamento europeo. Schulz ha hecho casi toda su carrera en Estrasburgo. Antes de eso fue alcalde de su pueblo y antes dueño de una librería. Es el arquetipo de ratón bruselense. Se las sabe todas y conoce a todos, pero no es muy carismático aunque si popular.
Al otro lado de la gran coalición hay cuatro partidos. El más importante de todos es Die Linke (La Izquierda), actualmente con 64 escaños y un 8,6% de los votos. En 2013 lo lideraba un tiparraco llamado Gregor Gysi, antiguo militante del SED (el partido socialista de la RDA) e hijo de Klaus Gysi, un ministro de cultura germano oriental de los años 60. Le han acusado en multitud de ocasiones de haber sido informante de la Stasi pero él siempre lo ha negado. Con un personaje así Die Linke tenía un techo muy claro, de modo que se han rejuvenecido y, en algún aspecto, se han «podemizado».
Tiene dos candidatos. La principal es Sahra Wagenknecht, que también perteneció al SED de jovencita y que se define como anticapitalista. Como botón de muestra, es de las que con más ímpetu ha defendido a lo largo de los años al Gobierno bolivariano de Chávez y Maduro en Alemania. Actualmente está casada con Oskar Lafontaine, el histórico miembro del SPD que rompió con el partido en tiempos de Schröder. El otro candidato es Dietmar Bartsch, un diplodocus de Pomerania que, por descontado, formó parte del SED en su juventud y que pasó varios años estudiando en la Academia de Ciencias Sociales de la Unión Soviética. Tras la reunificación se afilió al PDS (antecesor de Die Linke) y desde entonces es un apparatchik del partido.
La lista de partidos la completan Los Verdes, el FDP y Alternative für Deutschland (AfD), pero sólo Los Verdes tienen actualmente representación parlamentaria. Pero eso podría cambiar porque en el momento en el que superan el 5% a nivel nacional meten un montón de diputados en la cámara. Por Los Verdes se presenta un ticket formado por Katrin Göring-Eckardt y Cem Özdemir. La primera lleva toda la vida en el partido y fue vicepresidenta del Bundestag de 2005 a 2013. Özdemir es hijo de inmigrantes turcos y es musulmán, pero no ejerce mucho, de hecho está casado con una argentina. Se la tiene tomada a Erdogan y está a favor de legalizar el cannabis.
Los liberales presentan a Christian Lindner, un tipo joven (38 años) que es diputado en el Landtag de Renania del Norte-Westfalia, donde el FDP consigue muy buenos resultados. En las elecciones regionales de mayo de este año se colocó como tercer partido con un 12% y 22 escaños. El FDP, fiel a su tradición, promueve las bajadas de impuestos, recortes en la regulación y fomento del sector privado. De él depende devolver a este partido fundacional de la República al Bundestag.
Por último, AfD presenta un tándem formado por Alice Weidel y Alexander Gauland. Weidel viene de la empresa privada, trabajó en Allianz y Goldman Sachs y poco más se puede decir de ella salvo que convive en pareja con una directora de cine suiza con la que tiene dos hijas. Un perfil un tanto sorprendente para este partido. Gauland es el candidato más mayor. Tiene 76 años y proviene del este. Nació en Chemnitz (antigua Karl Marx Stadt) y huyó al oeste de joven. Fue militante del CDU hasta que se fundó AfD.
Según los sondeos, todos los partidos pequeños entrarían en la cámara porque los dos grandes se van a dejar algunos jirones el día 24 fruto del desgaste. Tendríamos entonces un Bundestag multicolor y hexapartidista. Pero no creo que haya riesgos de ingobernabilidad. A una muy mala no dudarían en ensayar coaliciones imaginativas, como una que se propuso en 2005 y que dieron en llamar «Jamaika Koalition» por los colores de la bandera del país caribeño y que los englobaba a todos. No sería de extrañar. Los alemanes pueden sacrificar cualquier cosa menos la estabilidad.
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