Icono del sitio Fernando Díaz Villanueva

Rusia en Cataluña

A estas alturas todos sabemos que Vladimir Putin se ha tomado muy en serio lo de devolver a Rusia la gloria perdida tras la implosión de la Unión Soviética hace un cuarto de siglo. Lo hace a la vista de todos en conflictos bélicos localizados como el de Siria, donde tiene destacados miles de efectivos y armamento de última generación. Y sin que se le vea mano mediante sofisticadas técnicas de desinformación que incluyen un canal internacional de noticias en varios idiomas (RT), una agencia de prensa (Sputnik) y la intoxicación sistemática en las redes sociales, que hoy son un medio de información tan importante como los periódicos, la radio o la televisión.

Además, y esto entra ya en el terreno de lo abiertamente delictivo, el Kremlin parece que se vale de piratas informáticos que aprovechan agujeros de seguridad en los Gobiernos occidentales para luego filtrar toda la información obtenida a la prensa global. Algunos de los escándalos más sonados de los últimos tiempos se han cocinado así. El más sonado quizá sea el de los correos de Hillary Clinton, que hace un año puso cuesta arriba la campaña de la candidata demócrata.

Pero no sólo ahí se han extendido los tentáculos rusos. Durante la campaña del Brexit o la de las elecciones presidenciales francesas también estuvo presente. Querían que el Reino Unido saliese de la Unión Europea y que en Francia ganase Marine Le Pen. Con lo primero tuvieron suerte, con lo segundo no. Pero no importa demasiado porque la UE encadena una crisis tras otra y está llena de puntos débiles que desde Moscú tratan de explotar con idea de intensificar esas crisis y poner así a la UE contra las cuerdas.

El referéndum catalán era una oportunidad de oro. Un problema de primera magnitud en el quinto país de la Unión y en una región con gran proyección internacional como Cataluña. Porque, ¿quién no conoce Barcelona? De haberse producido en Cantabria no se hubiera podido vender tan bien fuera, pero en Barcelona era pan comido.

A nivel oficial Rusia ha apoyado al Gobierno de Rajoy. Se ha manifestado a favor de la integridad territorial de España y su ministerio de Exteriores aseguró que el de Cataluña era un asunto interno de los españoles. Pero, mientras decían esto delante de una cámara, entre bambalinas la maquinaria de desinformar se ponía en marcha a través de los canales habituales (RT y Sputnik), al tiempo que se activaba a ciertos cautivos de lujo enfrentados con Occidente como Julian Assange y Edward Snowden.

La fábrica de noticias falsas arrancó en septiembre y alcanzó su pico de producción durante la primera quincena de octubre. De pronto nos encontramos con un ruido ensordecedor. Un ejército de bots tuiteando y compartiendo noticias en Facebook sin descanso. En un estudio de Securingdemocracy.org el uso del hashtag «catalan» se incrementó un 2.000% durante el día del referéndum. Casi todo ese tráfico provenía de perfiles falsos dirigidos a segmentos de audiencia muy precisos. Un trabajo profesional y bien llevado a cabo. No era la primera vez que lo hacían. Con cada crisis estas redes rusas de desinformación perfeccionan sus técnicas y son más eficientes.

Junto a la marea de tuits y publicaciones en Facebook hablando del tema, Assange y Snowden se dedicaban a dar cuerpo a la historia poniendo su firma y su prestigio personal. Assange tiene más de medio millón de seguidores en Twitter e incluso su foto de cabecera a día de hoy es la de una de las cargas policiales del 1 de octubre. Cada una de sus publicaciones tiene miles de retuits y son muchos los periodistas de todo el mundo que le tienen como una fuente fiable de información. Snowden es todavía más poderoso en esta red social. Le siguen 3,5 millones de personas y para mucha gente es un símbolo de la libertad de prensa y la transparencia frente a los corruptos y decadentes Gobiernos occidentales con Estados Unidos a la cabeza. Curiosamente vive exilado en Moscú, sede de uno de los Gobiernos más corruptos y decadentes del mundo.

¿Qué gana Rusia con toda esta ciberagitación subterránea? Bastante más de lo que se pudiera pensar. Por un lado arrima al ascua a su sardina en el tema de Ucrania. Quiere vender al mundo que el referéndum catalán es como el de Crimea, que, mediante un plebiscito, se independizó de Ucrania hace tres años para unirse a Rusia. La UE criticó la anexión y esta es una forma de devolverles la cuchillada. Por otro castiga a la UE por apoyar la independencia de Kosovo en 2008, que se hizo a expensas de Serbia, un Estado cliente de Moscú. Poco importa que España no haya reconocido a Kosovo. Putin quiere escarmentar a Bruselas y España no es más que una excusa. No hay nada personal, sólo son negocios.

Si al final se termina produciendo la independencia (como se produjo el Brexit) la UE se verá perjudicada y debilitada y, con ella, su orden político y económico del que en Rusia echan pestes. Una Europa desgastada opondrá menos resistencia y se avendrá a retirar las sanciones impuestas tras la anexión de Crimea. Dentro de casa se la verá como un modelo de fracaso y no de éxito. Porque la desinformación es aún más intensa en Rusia que fuera. Ahí Putin cuenta con un poder casi absoluto y sabe que su población mantiene cierto resentimiento hacia Occidente.

Como vemos, todo pertenece a un planteamiento geoestratégico que trasciende con mucho los asuntillos locales de España. Quizá por eso nos ha sorprendido tanto. Para nosotros es importante porque se trata de nuestro país, que en el mundo está a bien con Dios y con los hombres y que creía no tener enemigos. Pero en política internacional si hay una constante histórica es que si no te buscas tu los problemas, ellos te vienen a buscar a ti.

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