Icono del sitio Fernando Díaz Villanueva

Del Sol invicto a Cristo

A comienzos del siglo V, antes de los saqueos de godos y vándalos, la antigua Roma conservaba aún su esplendor y una numerosa población que esperaba pan y circo. Contra esa ciudad-espectáculo clamaban los cristianos más rigoristas, herederos de Tertuliano, para quien asistir al circo, al anfiteatro o al teatro era idolatría y una traición al bautismo. El imperio había cambiado de religión, pero no de costumbres, y la plebe cristiana era en el fondo la misma que antes veneraba a los viejos dioses.

La cristianización había comenzado antes, con el emperador Constantino. Tras vencer a Majencio en el Puente Milvio entró en Roma con el ceremonial de siempre, en carro de caballos blancos, estandartes y efigies divinas, entre ellas la del Sol invicto. Fue aclamado por el Senado y el pueblo, pero no subió al Capitolio a dedicar un sacrificio a Júpiter. Los paganos no se lo perdonaron y los cristianos lo celebraron, aunque, eso sí, Constantino nunca renunció al título de pontifex maximus y solo se bautizó en el lecho de muerte.

La Iglesia entendió pronto que era más fácil transformar las fiestas que suprimirlas. Proscribió paulatinamente los combates de gladiadores y el teatro, pero se apropió del resto. El culto al Sol invicto, que Aureliano había traído de Siria y que se celebraba el 25 de diciembre, se convirtió en la Navidad. El buey, el asno y los magos vestidos a la persa delatan esa herencia mitraica. El calendario se llenó de santos y mártires, sus reliquias atrajeron multitudes a las catacumbas y en Oriente surgieron santuarios como el de San Menas en Egipto o las columnas de los estilitas en Siria que pronto se llenaron de peregrinos.

La religiosidad de aquellos cristianos era ruidosa y festiva, muy distinta de la nuestra. Obispos como Ambrosio de Milán o Isidoro de Sevilla ordenaban el año con sus misas, festividades, procesiones y ayunos. A principios del siglo VII el Sol se había fundido ya con Cristo. No quedaban más fiestas que las cristianas.

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