Javier Rubio Donzé escribió un artículo este sábado en el que sostiene una tesis un tanto provocadora. Asegura que Vox, pese a su retórica patriótica y antisocialista, se ha convertido en un partido cada vez más parecido al PSOE y a Podemos en sus métodos y en su programa económico.
El autor parte de la frase de José María Figaredo sobre el «socialismo azul y rojo» para devolverle el reproche. Quien acusa debería mirarse al espejo. Repasa entonces los paralelismos. Vox emplea querellas instrumentales para silenciar a periodistas, ha llegado a reclamar 10.000 euros por un tuit, igual que la izquierda. Aspira a colonizar RTVE con su propio sindicato, Solidaridad, cuando hace diez años pedía cerrar las cadenas públicas. Ese sindicato, dirigido por un admirador de Putin, usa lenguaje marxista y convoca huelgas generales.
El reproche se extiende al terreno ideológico. El centro Issep, patrocinado desde San Petersburgo, recluta a figuras prosoviéticas como Verstrynge, Insua o Armesilla. El sector duro del partido abraza un discurso estatista, anticapitalista y antimercado, casi indistinguible del de Pablo Iglesias. El autor recurre a la teoría de la herradura para ilustrarlo.
La supuesta vocación liberal se desmorona en lo económico. Vox promete una motosierra que no piensa usar, promete bajar impuestos sin recortar gasto y aplaude los aranceles de Trump, un proteccionismo que Bastiat ya ridiculizó. El partido crece en barrios obreros arrancando voto a la izquierda con promesas de vivienda protegida y discurso obrerista.
Pero lo más inquietante es su deriva autoritaria. Sus altavoces desprecian la democracia, atacan a Felipe VI, elogiaron a Orbán y blanquean ciertas cloacas socialistas. Vox ha terminado enfrentado a casi todos sus antiguos aliados. La conclusión, parafraseando a Orwell, es que ya no se distingue al socialista del patriota. Cuando todos parecen traidores, conviene empezar el recuento por el espejo.
Artículo de Javier en The Objective.

