El 11 de abril de 1491 marca un momento decisivo en la historia de España y de Europa. La salida desde Sevilla de un inmenso ejército de 50.000 hombres hacia Granada para culminar una empresa militar y cultural que llevaba siglos gestándose. Este movimiento no era un asedio cualquiera, era la reclamación definitiva de una España que, como ya recordaban los propios embajadores musulmanes en el siglo XI, los cristianos consideraban suya y buscaban recuperar por la fuerza tras haber sido expulsados hacia Galicia.
Para dejar claro que esta vez no habría retirada, los Reyes Católicos tomaron una decisión estratégica sin precedentes al construir un asentamiento permanente en lugar de un campamento temporal. Así nació la ciudad de Santa Fe, levantada en la vega al oeste de la capital, desafiando a los elementos y demostrando a toda Europa que el cerco era definitivo. El mensaje fue tan potente que los propios reyes enviaron los planos de la nueva ciudad al rey de Portugal, lo que atrajo la atención de todas las cortes europeas sobre lo que estaba ocurriendo en Andalucía.
El asedio, lejos de ser un enfrentamiento romántico, fue una guerra durísima y sangrienta de ocho meses. Las crónicas de los veteranos y de quienes vivieron la contienda relatan la brutalidad del combate cuerpo a cuerpo, las emboscadas constantes y la pérdida de unos 5.000 soldados en combate o por enfermedades en los campamentos. Durante este desgaste, el papel de la reina fue vital; se paseaba a caballo por las tropas para mantener alta la moral, cuidaba de los heridos y hacía frente a provocaciones directas, como el célebre desafío del caballero del pulgar tras un insulto a la reina en la puerta de la mezquita.
Al ver que la ciudad de piedra se alzaba frente a ellos y que no había marcha atrás, las fuerzas de Granada flaquearon. En noviembre de 1491 se firmaron unas capitulaciones de rendición extremadamente generosas y respetuosas con los vencidos, cerrando un ciclo histórico y abriendo otro de inmediato. En esa misma Santa Fe se firmarían los acuerdos con Cristóbal Colón que abrirían la puerta de América, y la victoria en Granada se celebraría en toda Europa como la coronación de España como la nueva gran potencia mundial, un ascenso que pronto despertaría el miedo y la envidia en lugares como Francia e Italia, plantando la semilla de lo que después se usaría para intentar destruir la imagen del imperio mediante la leyenda negra.

