Foreign Policy publica esta semana un artículo de su editor jefe, Ravi Agrawal, en el que asegura que Trump ha tocado techo y ha iniciado ya el descenso. El debate sobre lo que se conoce como “Peak Trump” viene de lejos. Unos lo sitúan en febrero de 2025, justo cuando acababa de regresar a la Casa Blanca y su partido había conquistado las dos cámaras. Fue en ese momento cuando Trump se puso de moda entre toda la derecha identitaria occidental para la que era el referente indiscutible. Otros creen que el cénit del trumpismo se produjo a mediados del año pasado tras el ataque a las instalaciones nucleares iraníes, la aprobación de la Big Beautiful Bill y la ofensiva arancelaria que forzó a renegociar los acuerdos comerciales a todo el mundo.
Agrawal lo lleva a principios de este año, y no va desencaminado. El 3 de enero la Delta Force capturó a Maduro en Caracas, una operación muy audaz y celebrada, pero que, siete meses después, no se ha traducido en cambio alguno para los venezolanos. Fue eso lo que le envalentonó hasta el punto de que acto seguido anunció que quería anexionar Groenlandia a Estados Unidos. En el foro de Davos del año pasado no se hablaba de otra cosa. Los líderes europeos concluyeron que lo mejor era adularle y evitar el conflicto.
Un mes más tarde comenzó su caída, el 28 de febrero exactamente, cuando decidió atacar Irán. Seis meses más tarde, la guerra ha comprometido el arsenal del ejército, ha encarecido la vida de los estadounidenses y está devastando su popularidad. EEUU tenía unos 2.300 interceptores Patriot a comienzos de año. Sólo en las primeras semanas de guerra gastó más que los entregados a Ucrania en cuatro años y en agosto ya sólo les quedaban 800. Cada uno cuesta cuatro millones de dólares y tarda dos años en fabricarse. La producción es de unos 600 anuales. Los adversarios de Estados Unidos han detectado la vulnerabilidad y actúan en consecuencia.
Esto no significa que Irán esté ganando, pero si puede permitirse el lujo de aguantar. Sus drones Shahed le permiten dosificar el bloqueo de Ormuz y, sobre todo, elegir a quién atacar. El New York Times cifra en 18 las bases atacadas en siete países. El galón de gasolina sigue un tercio por encima de lo normal, pero la crisis habría sido aún peor sin las reservas chinas. Es decir, que China ha rescatado a EEUU de los errores de su presidente. Los sondeos de popularidad hablan por sí mismos. Su tasa de aprobación está en mínimos y hasta parte del movimiento MAGA critica la aventura iraní. Eso a solo dos meses de las elecciones de noviembre es dinamita.
Se puede culpar a Israel, pero los israelíes llevaban muchos años pidiendo a Estados Unidos que atacase Irán y ningún presidente anterior accedió. La decisión fue exclusivamente de Trump contra el criterio de los expertos, seguramente porque estaba ebrio de poder y obsesionado con su legado. Entretanto, el mundo se desconecta de Washington. Pakistán, Arabia Saudí y Turquía han firmado en agosto un pacto de defensa mutua, Europa ha elevado el gasto en defensa al 5% del PIB y busca nuevos socios comerciales en Sudamérica y la India.
Le quedan algo menos de dos años y medio en la Casa Blanca, pero a partir del año próximo todos empezarán a darle por amortizado y fijar su atención en las presidenciales de 2028. Si además los republicanos pierden la mayoría en el Congreso su decadencia puede ser incluso más amarga.
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