Tras el triunfo de Emmanuel Macron y pasada la euforia de la noche electoral llega la hora de la verdad. Macron tiene que ponerse a gobernar y a dar salida a su programa. Pero si ganar le ha sido relativamente fácil, especialmente en la segunda vuelta, convertir sus promesas en realidades tangibles no lo va a ser tanto. El grueso de su programa de regeneración económica es difícil de aplicar en un país tan estatizado como Francia y que siempre ha presentado tanta resistencia a las reformas. La otra parte, la relativa a la inmigración, uno de los vectores de la campaña, ni siquiera la ha esbozado. Pero que crea que no existe tal problema no significa que el problema siga ahí.

