A finales de mayo de 1940, solo unos días después de la invasión alemana de Francia, el cuerpo expedicionario británico, formado por 350.000 hombres, se quedó atrapado en el continente, aislado y sitiado en la ciudad francesa de Dunquerke. Aquella iba a ser la peor derrota de la historia del Reino Unido. Pero en Londres decidieron repatriar el contingente. Hacía falta un milagro. Y se produjo.
[amazon_link asins=’8491391738,B005PQYD6Q,8408150219,8491047050′ template=’Bibliografia’ store=’f0279-21′ marketplace=’ES’ link_id=’90539600-b5be-11e7-a4ea-f74a81623988′]

