Cuentan que a Alfonso VI de Castilla le presentaron en cierta ocasión una relación de todos los sirvientes de palacio separando los que eran necesarios de los que no lo eran. El Rey acababa de reconquistar Toledo y andaba con problemas presupuestarios de modo que, para ahorrar, se propuso al monarca despedir a los que no hacían falta y dijo: «No prescindiré de ninguno. A unos los necesito yo y los otros me necesitan a mi«. Pues bien, mil años después de aquello «en palacio» trabajan algo más de tres millones de «sirvientes», tantos que el reino necesita asignar entre un 11% y un 12% de todo lo que produce en un año para pagar sus «servicios», es decir, unos 120.000 millones de euros. Si dividimos esta cifra entre el número total nos encontramos con que el salario medio es de más de 36.000 euros brutos al año, un 38% más que el español medio empleado en el sector privado, que gana unos 26.0000 euros anuales.
No siempre fueron tantos. Hace cuarenta años eran menos de la mitad. Pero la población española no era la mitad de la actual, solo ha crecido un 27%, de los 36 millones de entonces a los 46 millones actuales. Respecto a los servicios, la España del 76 era ya un país plenamente desarrollado y de renta alta. Teníamos Seguridad Social, carreteras, ferrocarriles, puertos y aeropuertos, bibliotecas, educación pública y universal, policía, bomberos, ambulancias y prácticamente todos los servicios que prestan los empleados públicos. Me traigo un gráfico de la web de Javier Sevillano que no deja lugar a demasiadas interpretaciones y nos lleva directos a preguntarnos de nuevo si hay demasiados funcionarios pero, sobre todo, cuántos realmente necesita el Estado y cuántos necesitan del Estado.

