Icono del sitio Fernando Díaz Villanueva

La guerra de Europa

Cuando Rusia invadió Ucrania en febrero de 2022 pocos en Europa imaginaban que cuatro años después serían la Unión Europea y el Reino Unido los principales sostenes de aquel desventurado país. La respuesta inicial fue muy rápida, pero más en el terreno declarativo. Los europeos aprobaron una batería de sanciones, congelaron de 210.000 millones de euros en activos rusos depositados en Bélgica, se activó el Fondo Europeo de Apoyo a la Paz y se abrieron a acoger a millones de refugiados. El Reino Unido, recién salido del Brexit, asumió desde el principio un papel de vanguardia.

El compromiso europeo ha pasado desde entonces por cuatro fases. La primera fue la de las sanciones y ayuda económica de emergencia. La segunda la de la institucionalización del apoyo militar. Polonia y los países bálticos vaciaron sus arsenales de la época soviética y Alemania autorizó la entrega de los tanques Leopard 2. La tercera, ya en 2024, orbitó en torno a la entrega de armas de largo alcance como los Storm Shadow británicos, los SCALP franceses y los F-16 de la una coalición nórdica. La cuarta fase, la actual, comenzó con el regreso de Trump a la Casa Blanca en enero del año pasado y la suspensión de la ayuda militar estadounidense. Europa se vio obligada a multiplicar su esfuerzo. La ayuda militar ha crecido un 70%, se ha puesto en marcha ReArm Europe, un programa de 800.000 millones de euros, y el instrumento SAFE, dotado de 150.000 millones adicionales para préstamos de defensa. En la cumbre de La Haya los aliados acordaron también elevar el gasto en defensa al 5% del PIB para 2035.

Las contribuciones han sido desiguales. Alemania es hoy el primer donante europeo con compromisos cercanos a los 28.000 millones. Polonia, los bálticos y los nórdicos han contribuido en proporciones récord respecto a su PIB. Francia ha sido más modesta. Hungría, que bloqueó reiteradamente paquetes de ayuda, cambiará de gobierno en breve. El Reino Unido ha comprometido hasta 21.800 millones de libras. Juntos, Alemania y el Reino Unido, representan dos tercios de la ayuda militar proveniente de Europa Occidental.

El instrumento estrella ahora es el Ukraine Facility (de 50.000 millones), al que se han sumado el préstamo G7 ERA y, en diciembre, el Ukraine Support Loan de 90.000 millones para el periodo 2026-2027. Se ha descartado, eso sí, la incautación directa de los activos rusos congelados ante las reticencias del primer ministro belga.

¿Será todo esto suficiente? Hay disparidad de opiniones. Unos insisten en que la previsibilidad en la ayuda, el incremento en la producción de municiones y una mayor cohesión política bastará para que Ucrania resista. Otros creen que no es tan sencillo, que Europa es muy dependiente de capacidades militares estadounidenses, que existe cierto cansancio entre la opinión pública europea y que, aunque la industria de defensa europea ha mejorado sustancialmente, aún sigue siendo demasiado pequeña.

Se abren tres escenarios posibles. El primero es que se mantenga del statu quo en forma de una guerra de desgaste. El segundo es que se congele el conflicto tras un alto el fuego más o menos precario. El tercero es que el frente termine colapsando total o parcialmente a lo largo del próximo año. La guerra de Ucrania se ha convertido, de facto, en la guerra de Europa. La novedad es que, por primera vez en su historia, la UE está actuando como un auténtico actor estratégico prácticamente autónomo.

En La ContraRéplica:

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