¿Y si Rusia corta el gas?

La semana pasada los Gobiernos de Estados Unidos y el Reino Unido prohibieron por decreto la importación de petróleo y gas natural proveniente de Rusia. Para ambos países el gas y el crudo rusos son fácilmente sustituibles, pero no sucede lo mismo con la Unión Europea, que es muy dependiente de ellos. Algunos países centroeuropeos como Alemania si interrumpiesen unilateralmente el suministro se quedarían a oscuras de un día para otro. La economía alemana es adicta al gas ruso que le llega directamente a través de varios gasoductos como el Nord Stream 1 o el Yamal-Europa que son propiedad de Gazprom.

El resultado es que todos los días salen de la Unión Europea con dirección a Rusia unos 800 millones de euros para pagar el gas. Esas transacciones han quedado por deseo expreso de Bruselas a salvo de las sanciones que se aprobaron con motivo de la invasión de Ucrania. La Comisión Europea es consciente del problema. Parte de la guerra se está financiando con dinero europeo, pero hoy por hoy no queda otra opción. Los países del centro y el este de Europa compran a Rusia casi todo el gas que consumen a Rusia. Eslovaquia un 100%, Bulgaria un 90%, la Rep Checa el 87%, Austria un 80%, Hungría un 70%, Alemania, la mayor economía del continente y una de las más grandes del mundo, en torno al 60%.

En Berlín, Praga y Helsinki quieren prescindir de Rusia como proveedor gasístico, pero carecen de plantas de regasificación en la costa y el suministro ruso es en estos momentos insustituible para que sus países sigan funcionando. Un arma, como vemos, muy poderosa que Vladimir Putin está modulando a su antojo. Ya ha amenazado que cerrará la llave del gas cuando lo crea oportuno si Occidente sigue endureciendo las sanciones. Para Rusia sería un golpe muy duro porque se quedaría sin unos ingresos que hoy son muy importantes, pero la amenaza es creíble si las cosas se terminan poniendo realmente difíciles en Ucrania. Un animal herido es muy peligroso y eso mismo es lo que podría suceder.

Europa se encuentra, por lo tanto, ante un dilema con una difícil solución, al menos a corto plazo. No hay tiempo para sustituir las importaciones energéticas de Rusia, pero tampoco hay tiempo para evitar que Putin termine apoderándose de Ucrania por falta de fondos. Deben, de hecho, plantearse cómo actuar en el caso de que lo peor suceda, en Moscú decidan cerrar la llave de paso del gas y algunos países europeos se encuentren ante una escasez de combustible tal que obligaría a implantar restricciones energéticas.

En La ContraRéplica:

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