Los que me conocen saben que soy un optimista incorregible, de esos que casi siempre ven el vaso medio lleno. Inclinarse al optimismo o al pesimismo suele ir en el carácter. Los hay que se levantan de buen humor y de esa guisa se mantienen todo el día. Eso lo compensan los cenizos de nacimiento, esa gente que todo le parece mal y que se duele constantemente porque, según ellos, las cosas van a ir peor. En nuestra vida privada dejarse llevar por el pesimismo obedece a menudo a cómo nos trate la vida. Si es cómoda y libre de preocupaciones tenderemos a verlo todo desde una óptica más amable. Si sucede lo contrario, si sobre nosotros se abaten desgracias sin fin, nos sobrarán las razones para que nos desanimemos y todo nos parezca mal. Hay excepciones, claro está. Gente que lo tiene todo, empezando por una buena salud, y que, a pesar de ello están poseídos por la negatividad. En el otro extremo comprobamos como muchos a quienes la suerte les ha privado de casi todo sonríen y hacen su vida lo mejor que pueden.
Pero, más allá de nuestro carácter y de los avatares de la vida, existe cierta predisposición social al optimismo o al pesimismo. Hay épocas marcadas por lo primero y otras por lo segundo. El nuestro es un mundo dominado por el pesimismo, al menos en las sociedades desarrolladas de Occidente. Las razones que explican este derrotismo son varias. Podríamos pensar que todo se debe a que los medios de comunicación (y últimamente las redes sociales) contribuyen a esa sensación con malas noticias que viajan a toda velocidad de pantalla en pantalla amargándonos la vida con un armagedón por capítulos que se estrenan a diario.
Pero malas noticias hubo siempre, las buenas noticias, de hecho, nunca interesaron demasiado. El pesimismo actual va más allá de lo que se publica, que siempre ha priorizado lo negativo sobre lo positivo. La intención de políticos y activistas es mantener a la gente en el desasosiego permanente y obtener beneficios con ello. El pesimismo es el principal negocio político de nuestro tiempo. Eso mismo es lo que me ha empujado a escribir este libro al que he titulado “Contra el pesimismo” para que no cupiese duda alguna sobre su contenido e intención.
Es breve, conciso y he tratado de que también sea de lectura amena. No es un estudio sobre el pesimismo, sino un repaso factual sobre cinco miedos que nos hacen la vida imposible. El primero es la arraigada idea de que el mundo (al menos nuestro mundo) va a peor. Que hace unas décadas alcanzamos el cenit de nuestra civilización y desde entonces vamos cuesta abajo. Otros se van más atrás y se llevan las ensoñaciones a siglos pretéritos en busca de su Arcadia perdida. El segundo es la convicción que muchos tienen sobre el fracaso y declive acelerado de Occidente. El tercero versa sobre el presentismo, esa absurda manía de llevarse al presente al pasado y luego traerlo de vuelta para juzgar de forma sumaria a nuestros antepasados. El cuarto aborda el espinoso asunto de las identidades, una obsesión tan dañina como devastadora para la convivencia. La política de las identidad, que hoy práctica sin pudor tanto la izquierda como la derecha, trajo un sinfín de desgracias en el pasado y volverá a hacerlo en el futuro si permitimos que ese error intelectual siga expandiéndose. El quinto y último tiene que ver con los hispanos, una comunidad por lo general alegre y desenfadada, pero muy pesimista en todo lo relativo a su pasado y, sobre todo, a lo que le deparará el futuro. Muchos de ellos insisten en una inexistente excepcionalidad histórica que les amarga la existencia porque no tardan en señalar culpables o, peor aún, los lleva a enfangarse en la soberbia, que es aún peor que el pesimismo.
De eso va “Contra el pesimismo”. No es mi intención crear polémica, sino poner algo de luz donde otros se empeñan en apagarla para azuzar el miedo y difundir su propio relato de desdichas que se resolverán cuando les entreguemos todo el poder. Así que rompamos una lanza por ver las cosas tal cual son y tal cual fueron, y no por como quieren hacérnoslas ver.
El libro está disponible en este enlace

Hola Fernando. ¿Como hacemos para poder participar en la sesion en directo?
Envíe el resguardo de compra a contraelpesimismo@gmail.com y le enviarán el enlace del directo cuando se vaya a producir.