En mayo de 1734 se produjo un incendio en una casa del barrio londinense de Mayfair. Entre los escombros apareció un cuerpo calcinado hasta tal punto que era irreconocible. La justicia concluyó que era el dueño de la casa, un banquero irlandés retirado llamado Richard Cantillon, pero el caso no cuadraba. El fuego se había declarado en la habitación en la que guardaba sus papeles, los criados sobrevivieron todos y meses después desembarcó en Surinam un tal señor Savigni con documentos personales del difunto. La sospecha de que Cantillon fingiese su propia muerte para librarse de pleitos y acreedores no ha sido demostrada, pero tampoco descartada.
Cuarenta años antes otro cadáver dio origen a la carrera del segundo protagonista. En 1694 el escocés John Law mató en duelo a Edward Wilson en Londres, fue condenado a muerte por asesinato, se fugó de prisión y se estableció en el continente. Law, hijo de un orfebre de Edimburgo, creció viendo cómo los recibos de depósito de su padre circulaban como si fueran oro, a partir de ahí dedujo que el dinero no vale por sí mismo, sino por la confianza que inspira. Durante veinte años vivió del cálculo de probabilidades apostando en timbas de naipes por toda Europa mientras estudiaba el funcionamiento del Wisselbank de Ámsterdam y del recién nacido Banco de Inglaterra. En 1705 propuso que se crease un gran banco nacional emisor de papel moneda. En Escocia e Italia rechazaron la idea, pero no en Francia, donde encontró un terreno fértil.
Cantillon pertenecía a la nobleza católica irlandesa arruinada por las confiscaciones. Aprendió la lección contraria, solo es seguro el patrimonio que se puede mover rápido. Pasó por varias ciudades comerciales como Burdeos, Nantes y Cádiz y fue el primero en dar naturaleza económica al término empresario. Un empresario era para Cantillon todo aquel que compra a precios ciertos para vender a precios inciertos, luego, soportando esa incertidumbre, ajusta la producción a la demanda sin que nadie lo dirija. Esta es la primera descripción funcional del mercado medio siglo antes de Adam Smith.
Francia puso el escenario a ambos. Luis XIV murió en 1715 dejando una deuda gigantesca que ahogaba al Tesoro. El regente, Felipe de Orleans, dio vía libre a Law, a quien conocía de las partidas de cartas. En 1716 fundó la Banque Générale, que compraba deuda incobrable del Tesoro y emitía dinero contra ella. Durante dos años funcionó realmente bien. En 1717 creó la Compañía de Occidente sobre el monopolio de la colonia de Luisiana. Más tarde fue absorbiendo el comercio exterior, la recaudación de impuestos, ciertos monopolios como el del tabaco y la Casa de la Moneda. El circuito se terminó cerrando en un bucle diabólico. El banco imprimía billetes, los billetes compraban acciones y las acciones sostenían la deuda. El precio de las acciones se disparó convirtiendo a muchos parisinos en millonarios de la noche a la mañana. El regente le premio nombrándole controlador general de Finanzas.
Cantillon también estaba en París en esa misma época y participaba del esquema de Law, pero desde dentro. Prestaba a nobles para comprar acciones y se quedaba los títulos en prenda hasta que, llegado un momento, los vendió cerca del máximo y exigió el cobro en metálico. Salió de Francia con más de 20 millones de libras y apostó contra los mismos billetes que le habían hecho rico. Años más tarde explicó por qué lo hizo. Sabía que el dinero nuevo no sube todos los precios a la vez, beneficia a quien lo recibe primero y perjudica a todos los demás. A eso en economía se le conoce como efecto Cantillon.
El sistema saltó por los aires en 1720 dejando la ruina tras de sí. Law consiguió huir, trató de convencer a otros soberanos para que hiciesen lo mismo, pero nadie confiaba en él. Murió pobre en Venecia en 1729 solo cinco años antes de que Cantillon desapareciese en Londres. El primero tuvo un humilde entierro en una iglesia veneciana, del segundo nunca más se supo.
Para profundizar en estas dos fascinantes historias nos acompaña Marta Caniego, que las conoce bien porque las ha tratado en Relatos de la Historia.
Bibliografía
- “John Law” de James Buchan
- “Ensayo sobre la naturaleza del comercio” de Richard Cantillon
- “Richard Cantillon: Entrepreneur and Economist” de Antoin E. Murphy
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