El cierre de Ormuz

La guerra entre Estados Unidos e Irán, iniciada hace semana y media, está provocando el mayor shock energético desde la invasión de Ucrania. Los precios del petróleo rozaron los 120 dólares por barril en los momentos álgidos del fin de semana, para estabilizarse en torno a los 90 dólares el martes. Entretanto las bolsas mundiales se han desplomado. En lo que va de año, el crudo acumula una subida superior al 60%.

El origen del problema es el cierre de facto del estrecho de Ormuz, por donde transita en condiciones normales el 20% del petróleo y el gas natural que consume el mundo. El tráfico ha pasado de unos cien barcos diarios a apenas dos o tres ante el riesgo de ataques y el disparado coste de los seguros. Drones, misiles, minas y lanchas rápidas hacen casi imposible garantizar la seguridad del transporte marítimo. Trump puede proclamar la victoria militar que quiera, pero mientras Irán no declare un alto el fuego, los armadores no arriesgarán sus barcos. Los analistas estiman un déficit de suministro de 3 millones de barriles diarios en marzo y de casi 7 millones en abril. Dentro del golfo Pérsico, la situación se agrava porque países como Irak, Kuwait o Arabia Saudí están reduciendo su producción al alcanzar el límite de sus instalaciones de almacenamiento.

El G-7 ha debatido liberar entre 300 y 400 millones de barriles de reservas de emergencia, pero por ahora no lo han hecho. Eso sí, sólo anunciarlo ha servido para calmar a los mercados. En el caso de que recurran a las reservas estratégicas sería un parche, no una solución. Mientras no se reabra el estrecho, el estrangulamiento en la oferta de crudo se prolongará semanas o incluso meses.

El gran beneficiado de todo esto es Rusia. La atención internacional se ha desviado de Ucrania y, de propina, el Kremlin ingresa mucho más por sus exportaciones de crudo, que ahora cotiza con prima en lugar de con descuento. India, que había recibido aranceles del 50% por comprar petróleo ruso, tiene ya luz verde de Washington para importarlo. El secretario del Tesoro, Scott Bessent, ha llegado a sugerir aliviar las sanciones a Rusia para paliar la escasez. Putin, que hace solo unas semanas amenazaba con cortar el gas a Europa, se ofrece ahora como proveedor.

Sobre el terreno, la campaña militar avanza. Israel calcula que ha destruido entre el 70 y el 75% de los lanzadores de misiles iraníes, y Estados Unidos ha inutilizado más de cuarenta buques enemigos. El volumen de ataques con drones y misiles se ha reducido sustancialmente. Irán, por su parte, ha designado a Mojtaba Jamenei como nuevo líder supremo en un gesto de desafío con una legitimidad cuestionable.

La pregunta que flota en el ambiente es hasta dónde está dispuesto a llegar Trump. Detener la operación ahora, en plena presión económica, equivaldría a concederle la victoria a los ayatolás y a confirmar que bloquear el estrecho es su mejor garantía de supervivencia. Esa es una conclusión que no conviene que extraigan, ni ahora ni en el futuro.

En La ContraRéplica:

  • 32:28 “Contra el pesimismo
  • 34:27 La postura de VOX ante la guerra de Irán
  • 40:44 La información y la guerra

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