A mediados de los años 50 Cecil B. DeMille estrenó “Los diez mandamientos” con Charlton Heston en el papel de Moisés. Aquel espectáculo cinematográfico convirtió la salida de los israelitas de Egipto en uno de los mayores éxitos de la historia del cine. La película ofrecía certezas que los historiadores y los arqueólogos nunca han compartido. Tras muchas décadas de excavaciones en Egipto y el Sinaí no ha aparecido rastro alguno de un pueblo tan numeroso vagando durante 40 años por el desierto. Las crónicas egipcias, muy puntillosas para casi todo, no recogen ni las plagas, ni una fuga masiva de esclavos en esa época.
Eso no significa que el relato surgiera de la nada. Durante siglos Egipto y Canaán mantuvieron contacto continuo. Los pastores semitas bajaban al delta en tiempos de sequía, los hicsos llegaron incluso a gobernar el norte del país. Tras su expulsión los faraones convirtieron Canaán en una provincia vasalla. Es verosímil que un grupo pequeño, el clan de los B’nei Israel, trabajase en las grandes obras de Ramsés II y que regresase al desierto siguiendo a un caudillo con nombre egipcio. A finales del siglo XIII a.C ese clan ya estaba asentado en las montañas de Samaria, como atestigua una estela del faraón Merneptah.
La memoria de aquella salida se transmitió de viva voz durante generaciones y se puso por escrito en tiempos de Salomón, cuando Israel era ya un reino unificado que necesitaba un mito fundacional. Fue entonces cuando las doce tribus pasaron a compartir una esclavitud y una liberación comunes. Los redactores del Pentateuco situaron la acción en la geografía de su propia época, por eso el relato está salpicado de anacronismos como la mención a los filisteos, que se instalaron en la costa después del supuesto éxodo.
Aun así, quien escribió aquellas páginas conocía bien el terreno. El rodeo para esquivar los fortines fronterizos egipcios era una vía de escape habitual, un papiro de la época habla de la persecución de dos esclavos fugados por esa misma zona. El Mar de las cañas no sería el mar Rojo, sino alguna de las lagunas salobres de la costa del Sinaí, cuyas costras de sal y fango se tragaban a los hombres y a sus animales. Los pozos amargos y los oasis del itinerario seguramente sean lugares reales.
Lo que no encaja es la escala. Según la Biblia, de Egipto salieron unos dos millones de personas junto a sus animales. En el Sinaí apenas llueve, sus escasos manantiales dan para unos pocos miles de personas, no es casual que las tribus beduinas siempre hayan sido de pequeño tamaño. La capacidad de soporte de aquel territorio es muy pequeña. Además, una cantidad tan grande de gente habría dejado restos de grandes campamentos, tumbas y cerámica.
El texto resuelve los problemas logísticos con milagros como el del maná, las codornices y el agua brotando de la roca. Pero el Éxodo no es la crónica de un viaje ni pretende serlo. Es un relato teológico y en ese aspecto funciona muy bien. Cuenta cómo un grupo de esclavos se convierte en el pueblo de un dios que exige exclusividad, y por qué la generación que salió de Egipto tuvo que morir en el desierto para que sus hijos recibiesen la tierra prometida.
Índice del programa:
0:00 Introducción
3:40 Entre Hollywood y la arqueología
17:51 Los B’nei Israel y la ciudad de Ramsés
29:40 Los caminos de salida
42:25 El mar de las cañas y el desierto
53:39 La montaña de la revelación y Cades Barnea
1:04:33 De Edom a Jericó
1:18:46 El exilio en Holanda del káiser Guillermo II
Bibliografía
- “Introducción al antiguo testamento” de José Luis Sicre Díaz
- “La historia de los judíos” de Paul Johnson
- “Historia de los judíos” de Simon Schama
- “Historia de los judíos” de Luis Suárez

