Colombia celebró este domingo la segunda vuelta de las elecciones presidenciales. Los resultados confirman lo que ya vimos el pasado 31 de mayo. El país se ha partido en dos mitades casi idénticas. Abelardo de la Espriella, abogado de 47 años conocido como El Tigre y candidato del movimiento Defensores de la Patria, se ha impuesto en el escrutinio provisional al senador Iván Cepeda por un margen tan estrecho que durante unas horas parecía reversible.
Los datos de este escrutinio otorgan a De la Espriella alrededor del 49,6% de los sufragios frente al 48,7% de Cepeda, una diferencia de unos 250.000 votos en unas elecciones en las que participaron más de 25 millones de votantes. La cifra resulta llamativa porque ambos aspirantes superaron en número de votos a los que Gustavo Petro consiguió en 2022, prueba de que la polarización no aleja a los electores de las urnas sino que los empuja hacia ellas.
El perfil del ganador explica buena parte de la historia. De la Espriella ha conseguido recoger votos del centro mientras encarna una derecha de tono muy combativo tras cuatro años de gobierno de izquierdas. Tiene triple nacionalidad colombiana, estadounidense e italiana, y es dueño un bufete con sede en Colombia y Miami. Su rival, Cepeda, filósofo de 63 años e hijo de Manuel Cepeda Vargas, líder de la Unión Patriótica asesinado en 1994, ha construido toda su carrera en el entorno de la izquierda colombiana, una biografía que para media Colombia era aval y para la otra media, sospecha.
El voto del exterior introdujo un matiz que no pasó inadvertido. Estados Unidos concentraba el mayor número de colombianos habilitados para votar fuera del país, más de 450.000, allí De la Espriella ya arrasó en primera vuelta y ha vuelto a hacerlo. El actual presidente, Gustavo Petro, deslizó en la madrugada que el país se acercaba a la situación peruana y denunció formularios E-14 sin firma de los jurados. La maniobra buscaba sembrar dudas sobre un resultado que, aunque ajustado, parece concluyente.
Cepeda ha reconocido el escrutinio provisional, aunque también se ha encargado de advertir que está en espera de los resultados oficiales, algo comprensible dada la distancia tan pequeña entre los dos candidatos. De la Espriella, en cambio, salió a celebrar en Barranquilla con un discurso de reconciliación nacional muy bien calculado. Prometió gobernar para todos, aseguró que no habría vencedores ni vencidos y dio por clausurada la campaña, la fórmula clásica del vencedor que necesita ensanchar su base tan pronto como conquista el poder.
Queda por delante que este conteo preliminar se convierta en oficial. Luego vendrá la toma de posesión, que está prevista para el 7 de agosto. Colombia culminará así un giro a la derecha que invierte el experimento Petro y que tendrá efectos inmediatos sobre la relación con Estados Unidos. El país, entretanto, dividido al milímetro, deberá comprobar si las palabras conciliadoras del presidente electo sobreviven al primer roce con la realidad o si la mitad derrotada decide que la partida aún no ha terminado.
Para hablar de este tema vuelve a La ContraCrónica Orquídea Caballero, que ya nos acompañó hace tres semanas para tratar la primera vuelta.

