Este domingo los colombianos están convocados a las urnas para elegir al sucesor de Gustavo Petro, que termina en agosto su primer y único mandato. El resultado decidirá si el experimento de izquierdas que comenzó en 2022 se prolonga otros cuatro años o si, por el contrario, Colombia gira hacia la derecha. Según los sondeos ambas posibilidades están hoy abiertas.
El balance del petrismo no es precisamente positivo. La paz total que prometió en la campaña de 2022 no ha llegado. El ELN, las disidencias de las FARC y el Clan del Golfo siguen disputando territorio al Estado. Pero tampoco hay paz en las principales ciudades, donde la inseguridad ciudadana no ha hecho más que empeorar. La economía tampoco ha conseguido despegar en estos años. Hoy respira con dificultad con tipos de interés del 11%, y una inversión renqueante. Petro, eso sí, sacó adelante la reforma laboral y la de las pensiones, pero no lo consiguió con la sanitaria. A eso hay que sumar sus rifirrafes con la Fiscalía, la cúpula militar, la prensa y Estados Unidos.
El delfín del oficialismo es Iván Cepeda, candidato del Pacto Histórico e hijo del dirigente comunista Manuel Cepeda Vargas, asesinado hace 30 años. Promete completar las reformas de Petro, negociar con los grupos armados e incluso crear una renta básica. Frente a él hay dos candidatos con posibilidades de pasar a segunda vuelta. Por un lado Abelardo de la Espriella, más conocido como el Tigre, un histriónico abogado de discurso incendiario que propone mano dura, un nuevo Plan Colombia y siete cárceles de máxima seguridad. Por otro Paloma Valencia, senadora del Centro Democrático y nieta del expresidente Guillermo León Valencia, que encarna el uribismo moderado.
La campaña ha estado marcada por la tragedia. El precandidato Miguel Uribe Turbay fue tiroteado por un sicario de 14 años en un mitin en junio del año pasado y falleció en agosto. El crimen ha resucitado viejos fantasmas y ha envenenado el debate hasta el punto de que Cepeda y De la Espriella se excluyen mutuamente en los grandes debates televisados. Las redes son uno de los principales campos de batalla y los mítines se están celebrando con medidas de seguridad extraordinarias.
En los sondeos de intención de voto Cepeda está a la cabeza con entre el 35% y el 45%, pero su techo se ha estancado lejos del 50% que le evitaría la segunda vuelta. De la Espriella ha protagonizado el ascenso más espectacular del tramo final, ha ganado 10 puntos en tres semanas hasta rozar el 30%. Valencia se ha quedado anclada entre el 15% y el 22%. Lo importante aquí es que el rechazo al petrismo supera las simpatías que despierta Cepeda, de modo que es muy posible que cualquiera de sus dos rivales le gane en segunda vuelta.
Las implicaciones de estas elecciones trascienden con mucho a Colombia. Es un país importante, la tercera economía de Sudamérica, y comparte 2.200 kilómetros de frontera muy conflictiva con Venezuela. Una victoria de Cepeda significaría continuidad. Valencia traería un retorno medido del uribismo y reactivación de la cooperación con Estados Unidos. De la Espriella abriría un territorio inexplorado de estilo bukelista que seguramente entusiasmaría a Trump y radicalizaría aún más a la izquierda. El país, entretanto, hace equilibrios en la cuerda floja sin saber aún quien será el próximo presidente.
En La ContraRéplica:
0:00 Introducción
0:00 Colombia en la cuerda floja
34:50 Firmas en la Feria del Libro
36:38 ¿A quién votarán los nacionalizados?
45:15 ¿Anticipará Sánchez las elecciones?




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