La fuga de X

Desde hace unos días, concretamente desde que hace semana y media Donald Trump ganó las elecciones, muchas cuentas de tendencia izquierdista y algunos periódicos han anunciado que abandonan X. Es algo de alcance mundial que comenzó en algunas cuentas de la anglosfera y que se ha extendido como un reguero de pólvora. Dicen que X es un lugar tóxico que da cabida a la crispación, los bulos y, como no, el fascismo. Acusan a Elon Musk de estar detrás de todo. A él y a su algoritmo que, según aseguran, prioriza el contenido de mala calidad, los excesos verbales y la polarización política.

Recuerda a lo que sucedió hace cuatro años cuando esta red social aún se llamaba Twitter. En aquella ocasión Trump también anduvo de por medio. Con motivo del asalto al Capitolio en enero de 2021 la dirección de la empresa decidió suspender la cuenta del que entonces era aún presidente de Estados Unidos (le quedaban apenas quince días de mandato) porque, según arguyeron los directivos de Twitter, estaba alentando algo parecido a un golpe de Estado. Trump se quedó sin cuenta y, a raíz de aquello, fundó en octubre de aquel año su propia red social, Truth, que nunca ha terminado de despegar. Tiene poco más de medio millón de usuarios y sus contenidos no son especialmente variados.

Antes de que naciese Truth, en pleno enfado por la suspensión de la cuenta de Trump, muchos en Twitter anunciaron que se marchaban a otras redes como Parler o Gab en las que, al parecer, podían decir lo que les viniese en gana sin que les censurasen. Los que, como Trump, habían perdido la cuenta se abrieron perfiles en estas plataformas, pero más de uno volvió a Twitter con otro nombre porque, como le pasó después a Truth, ni Parler ni Gab conseguían una masa crítica de usuarios que justificase el esfuerzo de escribir publicaciones. En este negocio el efecto red es fundamental. Cuanta más gente lo usa, más útil es para el usuario.

La diferencia con lo que pasó entonces estriba en que buena parte de los que se marcharon a Parler o a Gab habían sido previamente expulsados de Twitter por la estricta y un tanto caprichosa política de moderación que tenía en aquel entonces. Ahora no sucede lo mismo. Los que, en el extremo opuesto del espectro ideológico, han decidido marcharse no han sufrido censura alguna. Se van porque no les gusta lo que ven, porque les ponen notas de la comunidad que corrigen lo que acaban de afirmar, o porque, según publican algo, entran otros usuarios a criticarles, a veces con vituperios que consideran inaceptables. Esa es la razón real, el resto son los lamentos propios de todo berrinche.

Desconozco cuántos se marcharán, cuántos lo harán y regresarán silenciosamente dentro de un tiempo, y cuántos abandonarán definitivamente este tipo de redes sociales que, con el cambio de ciclo político, se han convertido en un campo de minas para ellos. Desconozco también por qué no lo hicieron antes. Musk adquirió Twitter hace ya más de dos años y empezó a ejecutar cambios en la plataforma desde el primer día. Uno de esos cambios fue dinamitar las cámaras de eco en las que vivían muchos usuarios con la participación entusiasta de la dirección de Twitter

Quizá se han tomado todo este tiempo para pensárselo o quizá esperaban que apareciese una alternativa que creen haber encontrado en Bluesky. Todo dependerá de que Bluesky logre lo que ni Gab, ni Parler, ni Truth lograron, es decir, alcanzar un número de usuarios lo suficientemente elevado como para que los mensajes lleguen a mucha gente. Eso es lo que está por ver. Los calentones son eso mismo, calentones y como tales suelen durar poco.

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