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Apple y sus problemas con el iPhone

La semana pasada Apple anunció que para el último trimestre de 2018 espera una notable bajada de ingresos, que no de beneficios. Apple ya ganaba mucho dinero y seguirá haciéndolo. No es la primera vez que Apple vende menos en un trimestre que en el anterior. Eso es normal en cualquier mercado, hay trimestres buenos y otros malos, lo importante es la tendencia. Apple, de hecho, ya tuvo una pájara de ventas hace no mucho, en 2016, cuando el iPhone 6S se vendió peor de lo esperado. De ahí salió reforzado con el lanzamiento ese mismo año del iPhone 7, un terminal muy bien acogido y que hoy es el que más se ve en la calle.

Pero si es la primera vez que Tim Cook escribe personalmente a los inversores para avisarles de que vienen curvas, que la apuesta de este año, los iPhone Xr y Xs, dos teléfonos muy sofisticados y caros, no han prendido en el mercado, concretamente en ciertos mercados importantes como el chino. El presidente de Apple también se lamentaba de la fortaleza del dólar, que ha convertido en artículos de máximo lujo sus productos en muchos países de medio ingreso.

Pero esto no son más que obviedades cuando no directamente excusas de mal pagador. Lo que Cook no quiere reconocer es que el iPhone ha alcanzado su máximo. Difícilmente van a poder vender más de los que ya venden. Los años dorados en los que el número de terminales vendidos aumentaba sin cesar de un año a otro se han acabado. Todo el que puede permitirse un iPhone en el mundo ya lo tiene. En el medio plazo se incorporarán compradores con alto poder adquisitivo en los mercados emergentes, pero eso es un proceso mucho más lento de lo que a un fabricante de móviles le gustaría.

De hecho, Apple ya contaba con el hecho de que en Estados Unidos, Europa y Japón se había tocado techo. Por eso se enfocaron en China hace unos años, un mercado gigantesco que crece sí, pero ya no tanto como hace seis o siete años. China seguirá engordando su PIB, pero no a las tasas a las que lo hizo durante la década pasada.

Aquí surgen dos preguntas. La primera es por qué a Apple le preocupa tanto el iPhone. A fin de cuentas produce otras cosas como computadoras, relojes inteligentes o tabletas. Cierto, pero la caja registradora de la compañía es el iPhone. Siete de cada diez dólares que ingresa Apple vienen de esta división. La de los Macintosh es el 10% y la del iPad aún menor.

La segunda cuestión es por qué no se expande en el otro gran mercado emergente, que es la India. La razón hay que buscarla en que si en el resto del mundo el iPhone es caro, en la India es directamente prohibitivo, algo sólo al alcance de los ricos. El precio base de un iPhone Xs de la última hornada cuesta en la India unas 100.000 rupias, el equivalente a 1.500 euros. Esto en un país con una renta per cápita de 1.900 dólares al año. El Gobierno indio, además, encarece las importaciones de productos electrónicos mediante un arancel especial con la idea de atraer a los fabricantes a ensamblar sus productos allí. Es por ello que se rumorea desde hace tiempo que los proveedores de Apple en China tienen intención de abrir una factoría en la India, pero por ahora no hay nada en firme.

Demasiado caro para un simple teléfono

Podría también ampliar el nicho de mercado en Europa y Estados Unidos, pero para eso debería contar con una gama más variada de precios. Poner, por ejemplo, en el mercado terminales en el entorno de los 300-400 dólares como hacen Samsung, Xiaomi o Huawei. Pero ha hecho todo lo contrario. Los iPhone han ido subiendo poco a poco su precio desde su lanzamiento en 2007. El primer iPhone se vendió a unos 600 dólares ajustando la inflación.

El modelo más básico hoy, el iPhone Xr con 64 GB de almacenamiento, sale por 750 dólares. Esto es un 25% más. Si nos vamos al modelo tope de gama, el iPhone Xs Max con 128 GB, nos ponemos ya en los 1.500 dólares, un 150% más que el iPhone de 2007. Resumiendo, que un iPhone es más costoso que algunos ordenadores de la misma marca como el Mac Mini o el MacBook Air. De hecho, el Xs cuesta más o menos lo mismo que un iMac de 21 pulgadas con pantalla 4K y la configuración más potente.

Apple Store en Hangzhou (China), diseñada por Foster + Partners fue inaugurada en 2015 en plena expansión de la marca por Asia. Es una de las más grandes del mundo.

Esto no es casual, obedece a una estrategia de mercado muy bien planeada. Apple buscaba colocarse en el segmento superior del mercado vendiendo menos terminales pero a un precio mayor y, por lo tanto, con mucho más margen. Apple gana de promedio unos 150 dólares con cada iPhone vendido, Xiaomi se conforma con dos dólares, por lo que necesita vender decenas de teléfonos para igualar el beneficio de Apple.

Actualmente la empresa de Cupertino es el tercer fabricante mundial de teléfonos inteligentes tras Samsung y Huawei. Tiene un 13% de la cuota de mercado global. En 2011 tenía el 23%. Ante la irrupción de marcas chinas muy agresivas en precios y con terminales tecnológicamente muy avanzados optó por sacrificar diez puntos de cuota de mercado a cambio de ganar más por terminal. El crecimiento lo tenía más o menos garantizado vendiendo teléfonos a la clase media y media-alta de los países desarrollados hasta que el motor se ha gripado. Es aquí donde tiene el problema, puede seguir como hasta ahora pero irá viendo como su cuota de mercado se encoge aún más y vuelve a los niveles de 2008, cuando se acababa de estrenar el iPhone en el mercado y su principal competidor era aún Nokia.

Lecciones para un mercado maduro

De cualquier modo, esta pequeña crisis le es muy útil a un mercado que ya ha madurado lo suficiente. Se ha fijado el precio máximo de un smartphone en unos 1.500 dólares. Subirlo más allá de eso sería una decisión absurda. Los consumidores ya le han dicho a Apple que no están dispuestos a pagar tanto o, si lo están, es a cambio de no renovárselo a los dos años porque el desembolso es muy elevado y las novedades tecnológicas que traigan incorporadas los nuevos modelos ya no justifican rotaciones tan rápidas.

Hoy ya no hay grandes saltos tecnológicos de una generación a la siguiente como sucedía hace unos años. Para un uso normal (teléfono, mensajería, redes sociales y algún juego ocasional) un iPhone de hace cuatro años es plenamente operativo para la mayoría de la gente. Les quedaría, por lo tanto, la opción de crear una gama de entrada similar a la del iPhone SE de hace tres años y que no era más que un iPhone 5S de 2013 con las tripas del 6S de 2015. También cabría la posibilidad de hacer descuentos puntuales como hace Samsung o LG con sus terminales de bandera. Apple es alérgico a los descuentos, sus precios son estables todo el año y los únicos iPhone de oferta son los modelos antiguos que la empresa sigue fabricando como teléfonos de entrada en el ecosistema iOS.

De cara a un futuro más lejano podría inventar algo. No sería la primera vez que Apple crea un mercado de la nada. Lo hizo en el pasado con el iPod, con el propio iPhone y con el iPad. En I+D gasta una fortuna, unos 14.000 millones de dólares anuales, de modo que no sería extraño que irrumpiese en un nuevo sector como lo hizo en el de la telefonía en su momento. Apple es una empresa que ha salido fortalecida de todos los aprietos en sus 40 años de historia. Lo de este último trimestre no es ni siquiera un aprieto, es tan sólo un minúsculo problema de digestión.

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1 Comment on Apple y sus problemas con el iPhone

  1. Jose Miguel Notengofeibus // 19/01/2019 en 12:19 // Responder

    Vengo desde el canal de UTBH a conocer el blog. Impecable artículo que avecina también el tope que han alcanzado los smartphones en desarrollo, precio, dependencia y a su vez hastío por todo ello.

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