Ganar perdiendo en Suecia

Las elecciones suecas del pasado domingo han dejado un resultado muy ajustado. Con casi todo los votos escrutados y a falta del voto exterior, el bloque de izquierdas que lidera el Partido Socialdemócrata suma 176 escaños frente a los 173 de las fuerzas que sostuvieron durante cuatro años al Gobierno conservador de Ulf Kristersson. Magdalena Andersson, primera ministra entre 2021 y 2022, tiene todo a favor para regresar al cargo, aunque al frente de una coalición heterogénea y seguramente mal avenida.

El resultado encierra dos paradojas. Los socialdemócratas recuperarán el poder con su peor porcentaje desde 1908, y Demócratas Suecos, el partido de derecha identitaria que parecía imparable, ha retrocedido por primera vez en su historia justo cuando estos partidos avanzan en casi toda Europa.

En 2022 la derecha llegó al Gobierno gracias al Acuerdo de Tidö, que rompió el cordón sanitario que se había impuesto en torno a Demócratas Suecos durante años. El partido de Jimmie Åkesson se quedó fuera del Gabinete pero a cambio ha tenido mucha influencia en la agenda de Gobierno. Esa es la razón por la que en Suecia se han aplicado algunas de las políticas migratorias más duras de Europa, se ha endurecido el código penal y se han recortado las regulaciones climáticas. Los politólogos suecos llaman a esta fórmula parlamentarismo contractual.

La campaña de este año ha girado en torno a la economía, pero fue también muy ideológica porque el verdadero debate era la composición del futuro Gobierno. Demócratas Suecos y el Partido de la Izquierda, el antiguo Partido Comunista, exigían entrar en el Consejo de Ministros si ganaba su bando. Entretanto socialdemócratas y moderados trataban de parecerse lo más posible presentando propuestas muy similares.

En la derecha los socios han resistido bien. Todos han mejorado ligeramente sus resultados de 2022, pero no los Demócratas Suecos, que han perdido 11 diputados. Hay varias causas que lo explican. Diez días antes de votar estalló el escándalo de una asesora del partido vinculada a redes de la inteligencia rusa. Pesó también el tono áspero de su programa contra los inmigrantes ya residentes, que la mayoría de los suecos rechaza, además del voto táctico hacia sus socios y el desgaste de apoyar un Gobierno sin formar parte de él. Aun así su victoria ideológica es evidente porque todos han adoptado una parte de su programa.

En la izquierda el triunfo no se debe a los socialdemócratas, que han bajado en votos y escaños, sino a la mejora de sus vecinos. La Izquierda ha crecido impulsada por el malestar ante el giro migratorio y por la atonía económica. La ambigüedad de Andersson, que no quiso decantarse entre el Centro y la Izquierda, ha llevado a los votantes a reforzar a ambos.

Todos coinciden en que hay que desalojar a Kristersson pero no en el programa. El Centro rechaza compartir Gobierno con la Izquierda, esta exige carteras y más impuestos y los Verdes tienen también sus propias reservas. El parlamentarismo negativo sueco permite a Andersson gobernar mientras no haya 175 votos en su contra, así que lo más probable es un Gobierno con Centro y Verdes y un acuerdo externo con los comunistas. La izquierda europea no debería celebrarlo demasiado. Andersson defiende una inmigración muy restrictiva, se parece mucho más a la danesa Mette Frederiksen que a Pedro Sánchez. Las ideas de los Demócratas Suecos seguirán ahí marcando el discurso mientras una oposición que ha perdido por la mínima tendrá cuatro años para prepararse frente a una coalición frágil.

En La ContraRéplica:

  • 38:08 Los límites de la IA
  • 44:57 La proyección de Mercator
  • 48:17 La inmigración como arma

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