La CDU se desangra

Durante más de setenta años la Unión Cristianodemócrata (CDU) había conseguido representación en todos los parlamentos regionales de Alemania. Esa racha se rompió este domingo en Mecklemburgo-Pomerania Occidental, un pequeño estado báltico de la antigua RDA en el que el CDU no ha llegado al 5% y, por lo tanto, se ha quedado fuera de la cámara. Casi todo su voto se marchó a Alternativa para Alemania (AfD), que roza el 40% y ha quedado a pocos escaños de la mayoría absoluta.

La misma noche la CDU perdió también Berlín, donde gobernaba desde hacía pocos años, en favor de Die Linke, heredera del partido que gobernó la Alemania comunista. Todo ello apenas dos semanas después de otro severo castigo de AfD en Sajonia-Anhalt. Son tres derrotas seguidas que convierten cada elección en un plebiscito sobre el canciller Friedrich Merz, pero que revelan algo más profundo: lo desgastado que está el sistema de grandes partidos sobre el que se construyó la Alemania de posguerra.

Merz reaccionó con rapidez. Admitió el desastre, elevó la derrota a crisis nacional y habló como canciller de todos los alemanes, no como líder de un partido que acababa de ser derrotado. Pero en Berlín ya circula una palabra, “Kanzlertausch”, el relevo del canciller sin pasar por las urnas. Merz tiene setenta años, lleva poco en el cargo y su popularidad es la más baja que jamás ha tenido un canciller a solo año y medio de llegar al poder. Sobrevive porque sus posibles rivales dentro del partido prefieren no moverse y porque el Partido Socialdemócrata (SPD), su socio, de gobierno, teme hundirse con él.

AfD, pese a su victoria, no gobernará. Nadie quiere pactar con ellos. Lo previsible es que la socialdemócrata Manuela Schwesig siga al frente del estado con el apoyo de la izquierda. Schwesig remontó en la recta final planteando la campaña como un duelo personal contra AfD, en ese duelo la CDU desapareció. Pesó también la nostalgia del gas ruso barato que llegaba por el Nord Stream, cuya terminal alemana está en la misma costa de Mecklemburgo.

Berlín es otra historia, aunque no tan distinta. Die Linke duplicó sus resultados de las últimas elecciones y ganó por primera vez desde la reunificación, aunque con un voto muy repartido entre cinco partidos. Su candidata, Elif Eralp, abogada hija de inmigrantes turcos, necesitará a los Verdes y los socialdemócratas para gobernar. La CDU y el SPD culpan a sus candidatos, salpicados por escándalos, pero el SPD ha firmado su peor resultado histórico en la ciudad en la que el socialdemócrata Willy Brandt construyó buena parte de su carrera política.

El triunfo de Die Linke se explica por una ciudad que ha cambiado, casi la mitad de su población es de origen inmigrante, pero sobre todo por los problemas para encontrar vivienda. Los alquileres son prohibitivos y la izquierda ha ofrecido medidas radicales, incluyendo las expropiaciones. A ello se suma una administración lenta, carreteras en mal estado, basura en las aceras y un gran apagón a comienzos de año que dejó en evidencia al alcalde.

El trasfondo de todo es económico. Alemania lleva años estancada, castigada por la competencia china y los aranceles estadounidenses. Las reformas de Merz tienen costes inmediatos, pero sus beneficios se sentirán dentro de un tiempo. AfD lidera ya las encuestas nacionales. Adelantar las elecciones tampoco resolvería nada, porque ningún partido lograría gobernar en solitario. Alemania está bloqueada, y nadie sabe cuánto durará ese bloqueo.

En La ContraRéplica:

  • 36:43 Canada y Europa
  • 45:14 La ley de nietos y el censo

Be the first to comment

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.