Octubre ha sido el mes más tenso en Ormuz desde el comienzo de la guerra. La Guardia Revolucionaria iraní asegura haber alcanzado varios petroleros y el Gobierno de Estados Unidos lo desmiente en parte, aunque a Irán le basta con asustar a navieras y aseguradoras para encarecer el crudo. Los hutíes golpean instalaciones petroleras saudíes, mientras Benjamín Netanyahu cierra Cisjordania en vísperas de unas elecciones que le favorecen con el país en vilo. Nadie quiere una guerra total, pero todos quieren parecer capaces de librarla.
Brasil, gran productor y consumidor de petróleo, vota este domingo partido en dos. Flávio Bolsonaro, hijo del expresidente Jair Bolsonaro, hoy en prisión, superó por poco a Luiz Inácio Lula da Silva en la primera vuelta, y los sondeos auguran un empate. Lula conserva el nordeste y las rentas bajas, mientras que Flávio se apoya en el sur agrícola, el voto evangélico y las clases medias urbanas. Una victoria del bolsonarismo acercaría el país a Donald Trump y abriría un choque con el Supremo por la condena del padre. Con Lula continuaría la apuesta por los BRICS.
En el Congo, la desconfianza hacia las instituciones tiene consecuencias mortales. El brote de ébola de Ituri, declarado en primavera, es ya el mayor de la historia del país, con miles de muertos y contagios en varios países vecinos. La cepa Bundibugyo no tiene vacuna, y la violencia y el recelo hacia un Estado ausente hacen que los enfermos se escondan. La ayuda internacional, como siempre, llega tarde.





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