Putin y Kim Jong Un a la desesperada

Ayer se produjo una de las reuniones en la cumbre más importantes del año, también una de las más inesperadas porque no se supo de ella hasta poco antes de que se produjese: la de Vladimir Putin y Kim Jong Un. El presidente de Rusia y el líder supremo de Corea del Norte se citaron en el cosmódromo de Vostochny, en la Siberia oriental, a no mucha distancia de la costa rusa del océano Pacífico. Esta es la primera vez que el norcoreano sale del país en los últimos cuatro años. Lo ha hecho a bordo del tren blindado en el que solía desplazarse su padre Kim Jong Il ya que tenía pánico a los aviones. La última vez que se vieron fue en 2019, antes de la pandemia, y también lo hicieron en Rusia, en la ciudad de Vladivostok, pero desde entonces muchas cosas han cambiado. En 2019 Rusia no se había convertido aún en el Estado más sancionado del mundo, tomando de este modo el relevo a Corea del Norte, una minúscula república popular que vive prácticamente aislada del resto del mundo desde hace más de setenta años.

La reunión se hizo a instancias de Putin, que necesita desesperadamente aliados año y medio después de haber invadido Ucrania. Corea del Norte era el paria internacional por excelencia, un socio idóneo ya que ambos se apoyan mutuamente en los organismos internacionales. Corea del Norte apoyó la invasión de Ucrania desde el primer momento y fue también uno de los primeros Estados en reconocer la anexión de las repúblicas del Donbás unas horas antes de que la invasión diese comienzo.

La cumbre del cosmódromo de Vostochny es la culminación de varios meses de negociaciones. Hace dos meses Sergei Shoigu, el ministro de Defensa ruso, estuvo en Pionyang de visita acercando posturas ente ambos Gobiernos que, según están las cosas, se necesitan el uno al otro. El Kremlin busca en Corea del Norte, aparte de apoyo diplomático (ese ya lo tiene), misiles y artillería de la época soviética que empiezan a escasear en el arsenal ruso. Los norcoreanos, por su parte, necesitan ayuda humanitaria, combustible y tecnología avanzada para su flota de submarinos, para sus satélites de observación y, sobre todo, para su programa nuclear, algo que no pueden desarrollar dentro del país.

El acercamiento entre ambos líderes supone, por lo tanto, un matrimonio de conveniencia más que una muestra de apertura diplomática por parte de Rusia. Nadie se toma en serio a Kim Jong-Un, un tirano dinástico sostenido por China que gobierna sobre uno de los países más pobres del mundo y el menos libre de todos ellos. Pero la guerra en Ucrania ha dejado a Putin en una posición muy comprometida. Eso le ha empujado a tener que entenderse con Gobiernos como el iraní o el norcoreano con los que comparte destino, visión del mundo y desafíos similares: sanciones internacionales, economías debilitadas y un Occidente rearmado y poco predispuesto a mirar hacia otro lado.

De la cumbre seguramente salga un acuerdo de intercambio de armas y municiones a cambio de apoyo tecnológico. Poco más se puede esperar ya que no es mucho lo que se pueden ofrecer mutuamente. Corea del Norte es un país muy pequeño y extremadamente pobre. Rusia no es ni pequeña ni pobre, pero su Gobierno se ha metido en demasiados gastos y demasiados problemas. El resto será espectáculo diplomático dirigido a alimentar la propaganda oficial de ambos regímenes.

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