Aliados a la gresca

Axios, un pequeño medio de información política con acceso privilegiado a la Casa Blanca contaba este martes que unas horas antes se había producido una tensa llamada telefónica entre Donald Trump y Benjamin Netanyahu. Según cuentan Trump dijo textualmente a su interlocutor que estaba loco y que, si no fuera él, estaría en prisión. Como vemos, el estado de ánimo del presidente no es el mejor cuando van a cumplirse cien días de un embrollo que él mismo se buscó en Irán. El detonante fue la amenaza iraní de levantarse de la mesa de negociaciones por la ofensiva israelí sobre el Líbano, que los iraníes consideran una violación del alto el fuego acordado con EEUU en abril.

La exclusiva de Axios es, según muchos analistas, un aviso que cuenta con el beneplácito de la Casa Blanca. El mensaje del lunes iba dirigido a los israelíes, a la comunidad internacional y sobre todo a los ayatolás. Tras colgar, Trump se apuntó el tanto en redes, aseguró haber detenido el ataque y haber hablado con Hezbolá. Netanyahu replicó horas después desinflando el globo, advirtió que Israel atacaría Beirut si Hezbolá no cesaba.

Trump, entretanto, ya no sabe que hacer para ocultar su impotencia. A la CNBC le dijo que le traía sin cuidado el destino de las negociaciones, mientras que ante ABC se mostró confiado en cerrar un acuerdo cuanto antes y reabrir el estrecho de Ormuz en una semana. Lo cierto es que Irán conserva misiles, drones, minas y lanchas suficientes para mantener cerrado el estrecho todo el tiempo que quieran. Eso tiene una consecuencia directa sobre el precio del petróleo, que sigue cerca de los 100 dólares justo antes de que empiece la temporada veraniega.

La cuestión de fondo aquí es hasta dónde llega el poder real de Trump sobre Netanyahu. Sus tácticas intimidatorias funcionaron con Israel en el plan de Gaza de octubre del año pasado, pero fallaron con los europeos en Groenlandia y lo están haciendo también con los iraníes. Con Israel la palanca parece efectiva porque Trump es hoy más popular allí que el propio Netanyahu, que tiene unas elecciones muy complicadas en octubre.

El acuerdo en discusión contempla un memorando que levantaría los bloqueos cruzados en Ormuz, prorrogaría el alto el fuego y abriría un plazo de 60 días para la parte nuclear y las sanciones. Para Israel resulta un mal negocio, pues el régimen iraní seguirá en pie y seguramente más cohesionado, la disuasión israelí queda tocada e Irán conserva el arma de cerrar el estrecho. Netanyahu, que tanto influyó en el inicio de la guerra, apenas pintará nada en su final.

Tampoco ha conseguido extinguir el incendio en el Líbano. Hezbolá no se quiere desarmar y el Gobierno libanés nada puede hacer para forzarlo. Dentro de Israel, la derecha y la izquierda coinciden en lamentar la dependencia de EEUU. Si, después de ganar la guerra, terminan perdiendo la paz Trump seguramente cargue el muerto a Netanyahu, que podría cerrar el año fuera del poder.

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