Armagedón de la RAM

Uno de los efectos colaterales de la fiebre por la inteligencia artificial es la carestía de la memoria RAM, un componente imprescindible en cualquier dispositivo electrónico de consumo, desde los ordenadores personales hasta las consolas de videojuegos pasando, naturalmente, por los teléfonos móviles. En los últimos dos años las grandes empresas tecnológicas se han lanzado a construir inmensos centros de datos para poder mover y entrenar gigantescos modelos de lenguaje. Todos esos servidores necesitan grandes cantidades de memoria, especialmente de un tipo muy avanzado conocido como HBM o memoria de alto ancho de banda, además de los módulos DDR5 más rápidos del mercado.

El problema radica en que fabricar chips no es algo que se pueda acelerar de la noche a la mañana, la capacidad de la industria es limitada. Los tres principales fabricantes a nivel mundial, que son Samsung, SK Hynix y Micron, han visto que vender memoria para los servidores de inteligencia artificial es un negocio extremadamente rentable, mucho más que destinarlo a la electrónica de consumo. Por ello, han decidido desviar gran parte de sus líneas de producción hacia ese segmento tan lucrativo, lo que irremediablemente significa que están fabricando mucha menos memoria RAM tradicional para el mercado de consumo. Al haber mucha menos oferta de la memoria estándar en las tiendas y mantenerse la demanda, los precios se han disparado, han llegado a duplicarse o triplicarse desde finales del año pasado.

Además del boom de los centros de datos, venimos arrastrando una situación creada por los propios fabricantes. Hace un par de años los precios de la memoria cayeron a mínimos históricos y estas empresas empezaron a perder dinero. Su reacción fue recortar la producción de forma intencionada para secar el mercado, eliminar el exceso de stock y recuperar sus márgenes de beneficio. Cuando quisieron darse cuenta, ese recorte premeditado se chocó de frente con la sed insaciable de chips de los gigantes de la inteligencia artificial. Todo junto ha creado gran escasez y la escalada de precios actual.

No parece que los precios vayan a normalizarse a corto plazo. Montar una nueva fábrica de semiconductores para producir más chips cuesta miles de millones de euros y requiere años de planificación y construcción. Aunque la industria ya está invirtiendo en nuevas instalaciones, la mayor parte de esa capacidad de producción adicional no estará lista y operativa hasta el año 2027 o 2028, por lo que nos toca vivir una temporada con los precios bastante inflados.

En medio de la tormenta está Apple, acostumbrada a exprimir su cadena de suministro, pero que ahora tendrá que subir los precios. Su problema es estructural, ya que contabiliza la memoria en el coste de los productos vendidos mientras los gigantes de la nube reparten ese gasto como inversión amortizable. La presión recae sobre unos márgenes que Wall Street espera que sigan subiendo. El daño va más allá, alcanza a todo el mercado del PC. Los analistas advierten que la escasez podría prolongarse como mínimo un par de años más. Mientras tanto, el usuario que renueva su móvil o su portátil estará financiando sin saberlo los servidores de la IA.

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