Bin Salman acorralado

Arabia Saudí vive desde hace días bajo el fuego de los hutíes. El pasado sábado varios misiles lanzados desde Yemen alcanzaron el aeropuerto internacional Rey Jalid de Riad derrumbando parte del techo de la terminal de vuelos nacionales sobre los pasajeros que esperaban para embarcar. Murieron 13 personas y y los heridos se cuentan por centenares. Este era el cuarto ataque contra el aeropuerto en menos de una semana y el más sangriento que ha sufrido el país en más de diez años. El Gobierno ha decidido cerrar el aeropuerto, que es el segundo con mayor trafico de Arabia Saudí.

Para el príncipe heredero, Mohamed bin Salmán, el revés es de gran envergadura. Empezó el año agasajado por Donald Trump en la Casa Blanca y, cuando estalló la guerra contra Irán, parecía salir beneficiado porque podía sacar su petróleo por el mar Rojo esquivando el bloqueo del estrecho de Ormuz. Hoy se mueve entre palacios blindados con búnker y el oleoducto que une las dos costas del país también ha sido atacado.

Curiosamente el problema se lo creó él mismo, pero hace ya unos cuantos años. En 2015, siendo ministro de Defensa, metió al país en la guerra civil yemení convencido de que acabaría con los hutíes en unas semanas. La campaña duró siete años, costó cientos de miles de millones de dólares y terminó en tablas con una tregua que dejó a esta milicia al mando de buena parte de Yemen. Esa tregua saltó por los aires con la guerra de Irán. Presionados por el régimen de los ayatolás, los hutíes fueron subiendo el tono hasta hacerse con el estrecho de Bab el Mandeb, la puerta sur del mar Rojo y la ruta por la que los saudíes evitaban Ormuz.

Las defensas antiaéreas saudíes empiezan a quedarse sin interceptores tras meses de guerra y la amenaza irá a más porque los hutíes han conseguido componentes chinos para fabricar por su cuenta una versión de uno de los mejores misiles iraníes. Todo ello compromete el proyecto de modernización del príncipe, una serie de obras faraónicas entre las que hay ciudades futuristas, un gigantesco aeropuerto diseñado por Norman Foster y una nueva aerolínea de bandera. Muchos de esos planes están paralizados, la inversión extranjera se ha desplomado y la economía se contraerá este año. Su foro inversor anual, el llamado Davos del desierto, debe celebrarse a final de este mes en una ciudad sobre la que caen misiles.

No tiene muchas salidas. La contraofensiva saudí en Yemen avanza con lentitud y sus aliados solo le ofrecen gestos simbólicos. Negociar supondría premiar el chantaje y animar a otros a imitarlo. El Gobierno de Estados Unidos se niega a bombardear a los hutíes porque teme que ataquen a sus petroleros y se dispare aún más el precio del combustible a pocas semanas de las elecciones de medio mandato.
Las monarquías del golfo daban por hecho desde los años 90 que bastaba una llamada a la Casa Blanca para resolver cualquier problema. Esa garantía es la que se ha esfumado. Bin Salmán, que soñaba con un Oriente Medio dedicado a los negocios, ve ahora cómo cada misil que cae sobre Riad se lleva por delante un pedazo del país que prometió construir.

Contenido:

0:00 Introducción
3:37 El regreso de una guerra olvidada
16:01 Rascacielos bajo los misiles
27:37 “La ContraHistoria del mundo”
29:14 Solo ante los hutíes
38:44 ¿Y si Marruecos invadiese Ceuta y Melilla?
49:24 La esperanza de voto de Alvise

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