Donald Trump llega a las elecciones de medio mandato con las encuestas en contra. Los republicanos podrían perder la Cámara de Representantes con holgura y quizá también el Senado, lo que le complicaría mucho la segunda mitad de su presidencia. La economía es lo que más preocupa a los votantes, y en concreto el coste de la vida. Trump hizo campaña prometiendo bajar los precios y la gasolina cuesta hoy bastante más que cuando volvió a la Casa Blanca. Para un país en el que casi todo el mundo coge el coche a diario, eso se traduce en cientos de dólares más al año por familia.
Para remediarlo, el pasado viernes anunció que Vladimir Putin suministraría a Estados Unidos y al resto del mundo varios millones de toneladas de gasóleo en entregas escalonadas. Para hacerlo posible suspendió parte de las sanciones hasta la primavera. El diésel no es lo que echa el conductor medio, pero mueve el transporte y la agricultura, su precio casi se ha duplicado en un año, algo que castiga especialmente a los estados agrícolas que los republicanos necesitan retener.
Pero el acuerdo no cambiará nada. Todo ese combustible cubriría unas pocas semanas del déficit mundial de diésel, si es que las maltrechas refinerías rusas cumplen. Además, entre la refinería, la travesía desde el Báltico y la distribución, ese gasoil tardaría más de un mes en llegar a los surtidores, es decir, después de las elecciones. La escasez, por otro lado, viene de lejos. Las refinerías cerradas durante la pandemia, las sanciones a Rusia, la falta de inversión en un tipo de combustible que los gobiernos de medio mundo quieren eliminar y las restricciones chinas a la exportación, habían dejado un mercado frágil sobre el que este año cayeron la guerra con Irán y los ataques ucranianos contra las refinerías rusas.
Quien sí sale ganando es Putin. Con la cosecha terminada y el invierno encima, Rusia tiene un diésel que no consumirá y podrá venderlo fuera por miles de millones de dólares, justo cuando prepara un fuerte aumento de su gasto militar. El cambio de parecer es aún más llamativo porque choca con la ley de sanciones que el propio Trump firmó hace unas semanas y con la presión que ejercía sobre Europa, la India y China para que dejasen de comprar crudo ruso.
Al mismo tiempo, el Gobierno de Estados Unidos está apretando a Ucrania. Sus negociadores insinuaron en Miami que podría cortarse el flujo de inteligencia si seguían los ataques contra refinerías, Trump ha llegado a pedir incluso un nuevo presidente para el país. Para el Gobierno ucraniano los ataques a las refinerías son su principal palanca frente a un Putin que, estancado en el frente, bombardea ciudades y centrales eléctricas. La tregua energética que anunció Trump el domingo la rompió Rusia en cuestión de horas.
En Washington la jugada ha molestado a los dos partidos. Trump ha hecho una concesión de primer orden y Putin no ha dado nada a cambio. El diésel ruso no abaratará los precios antes de noviembre, pero sí servirá para financiar la guerra.
Contenido:
0:00 Introducción
3:30 Gasoil y elecciones
17:43 Un regalo al Kremlin
26:18 “La ContraHistoria del mundo”
27:56 Trump contra Ucrania
38:20 Los banlieues en las protestas de Francia
44:17 La muerte de Maricarmen
47:10 La vivienda y los decretos Maricarmen




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