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Compostela sólo hay una

Hay ciudades que nacen en torno a un castillo, otras abrazando a un viejo campamento romano, la mayoría porque se encuentran en algún punto estratégico y fácil de defender. Santiago de Compostela nació alrededor de la tumba de un apóstol, el apóstol Santiago el Mayor, también conocido como Jacobo el Zebedeo, uno de los discípulos más importantes de Jesús en tanto que perteneció al círculo de sus dilectos.

Cuenta la leyenda que un ermitaño del siglo IX vio brillar unas luces sobre un monte despoblado. Hizo partícipe del hallazgo al obispo de Iria Flavia y éste al rey de Asturias. Excavaron y dieron con una tumba que adjudicaron al apóstol Santiago, de quien se decía que había viajado siglos antes hasta Hispania para predicar.

Probablemente de aquellas luces proviene el nombre Compostela: «Campus Stellae» (campo de estrellas). Sobre la tumba el rey Alfonso II mandó edificar una iglesia que con el tiempo devendría catedral, el resto lo hizo el camino (o caminos) que llevaban hasta allí. La iglesia primitiva parió una villa, luego un pueblo y finalmente una ciudad que nunca llegó a ser de gran tamaño, pero que los compostelanos adornaron como si se tratase de la misma Roma.

Porque Santiago es básicamente una ciudad monumental con un patrimonio artístico que quita el hipo a cualquier visitante. El centro sigue siendo la catedral, visible desde varios kilómetros a la redonda y de perfil inconfundible gracias a las dos poderosas torres barrocas levantadas entre los siglos XVII y XVIII. Las torres tienen nombre. A una la llaman «la de las campanas«, a la otra «la de la Carraca«. Ambas son de la misma altura, unos 80 metros. Detrás de ellas se encuentra la tercera torre, conocida como «la Berenguela«, famosa por su reloj, que no es de grandes dimensiones pero si de gran belleza.

Hostal de los Reyes Católicos. Fue construido entre 1501 y 1511 como Real Hospedería. es de estilo gótico plateresco.

Alrededor de la catedral se arracima uno de los mejores conjuntos monumentales del mundo. Hay tanto que ver en tan poco espacio que el viajero sufre algo similar al síndrome que describió Stendhal en Florencia. No hay plaza sin encanto, no hay iglesia o monasterio que no merezca un buen rato de observación detenida.

Eso empieza en la misma plaza del Obradoiro, la más importante de la ciudad. Allí se dan cita, aparte de la catedral, el Hostal de los Reyes Católicos, el Pazo Rajoy, que alberga al ayuntamiento, el Colegio de San Jerónimo, rectorado de la Universidad de Santiago, y el Pazo Gelmírez, un edificio del siglo XII que en su momento fue palacio arzobispal y que hoy es museo catedralicio. Sólo la plaza del Obradoiro ya justifica que Santiago sea Patrimonio de la Humanidad (lo es desde 1985), pero es que la ciudad tiene mucho más que mostrar al visitante.

Tiene, por ejemplo, el Monasterio de San Martín, un cenobio benedictino fundado en el siglo X, el Convento de San Francisco, de origen medieval pero rehecho por completo en el siglo XVIII, o el Monasterio de San Pelayo de Antealtares, que sigue ejerciendo de tal y que, en la fachada que da a la plaza de Quintana, muestra las ventanas enrejadas de las celdas que las monjas benedictinas de clausura aún habitan.

Plaza de Platerías. A un lado está el claustro de la catedral y enfrente la Casa del Cabildo. En el centro de la plaza destaca la fuente barroca denominada Fuente de los Caballos

Tanta iglesia y tanto monasterio principal dieron lugar a una universidad fundada en 1495. La universidad nació por impulso del abad de San Martín, pero sería el arzobispo Alonso de Fonseca el que la convirtiese en un centro académico de primer orden, cosa que sigue siendo hoy medio milenio después. El arzobispo compró un hospital de peregrinos y lo adaptó para acoger a los estudiantes. Lo que nos ha llegado es un edificio de estilo plateresco con uno de los claustros más bonitos de España. Le siguen dando uso universitario, hoy el Pazo Fonseca es la sede de la Biblioteca General y está unido al Colegio de San Jerónimo a través de un patio.

En Santiago no hace falta coche, ni moto, ni bicicleta. Es una ciudad para ser caminada. Como es pequeña se puede ir de una punta a otra a pie en poco tiempo, Todo el centro está peatonalizado y abundan las tiendas y los restaurantes. Para estos últimos habría que abrir capítulo aparte. En Santiago ni los turistas gringos comen mal. Y no porque no quieran, sino porque no pueden.

A estas alturas os preguntaréis cómo llegar a Santiago. Es fácil. Como sucede con Roma, todos los caminos conducen a Compostela. La ventaja de estos últimos es que están debidamente señalizados con una concha de vieira, símbolo del camino. Claro, que si no queremos ir andando, en bicicleta o a caballo Liligo.es nos ofrece un nutrido abanico de opciones empezando por la aérea. A Santiago se puede volar desde las principales ciudades de España y en vuelo directo desde Londres, Fráncfort, Milán, Roma y Ámsterdam.

También se puede llegar cómodamente en Alvia o en Avant y, naturalmente, en coche. A Santiago llega la AP-53 que viene de Orense y pasa la AP-9. Es de lejos la ciudad más accesible de Galicia, no en vano es su capital. Aunque mucho antes de eso fue el destino final de una de las rutas de peregrinaje más famosas del mundo. Y eso, obviamente, cuenta mucho.

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