Las ideas puede llegar a ser muy poderosas, especialmente cuando se han extendido y las abraza mucha gente. Ese es el caso del destino manifiesto o “manifest destiny”, una frase que resume una doctrina muy arraigada en la sociedad estadounidense del siglo XIX, que afirmaba que los recién fundados Estados Unidos de América tenían el derecho, e incluso la obligación divina, de expandirse por toda Norteamérica. La idea del destino manifiesto surgió en la primera mitad del siglo en un contexto de fervor religioso y optimismo nacionalista. Los primeros colonos europeos, en su mayoría protestantes llegados de Europa, veían en América una tierra prometida donde construir una nueva sociedad basada en sus valores. Esta visión se entrelazó con la creencia de que eran un pueblo elegido por Dios para llevar la civilización y el progreso al resto del continente.
A medida que la joven nación se consolidaba y ganaba fuerza, la idea de expansión territorial fue sumando partidarios. El vasto territorio al oeste del río Misisipi, con sus riquezas naturales y oportunidades económicas, se convirtió en un objetivo codiciado. La doctrina del destino manifiesto proporcionó una justificación moral y religiosa para esta ambición, presentándola como una misión divina y civilizadora en lugar de una mera conquista para ganar nuevos territorios y colonizarlos.
Esta colonización del oeste no estuvo exenta de conflictos. Los indígenas americanos, que habitaban esas tierras desde tiempos inmemoriales, fueron desplazados, recluidos en reservas o sometidos a políticas de asimilación forzada. Lo mismo sucedió con la población de origen hispano. La expansión también exacerbó las tensiones sobre la esclavitud, ya que los nuevos territorios plantearon la cuestión de si permitirla o no. A finales del siglo XIX la doctrina del destino manifiesto estaba en su apogeo. Estados Unidos era ya un país industrial que crecía con fuerza. Pusieron sus ojos en el Caribe sobre las provincias españolas de Cuba y Puerto Rico de las que se apoderaron tras la guerra con España de 1898.
Al comenzar el siglo XX Estados Unidos iba de costa a costa y se había convertido en una potencia mundial. No era lo que habían planeado los padres fundadores, pero si el empeño de sus descendientes que, convencidos de su superioridad, llegaron incluso a plantearse cómo exportar el modelo estadounidense al resto del mundo, algo que tratarían de hacer pero abandonando el programa de expansión territorial. El destino manifiesto sigue siendo objeto de debate en nuestros días. Mientras unos lo ven como una expresión legítima del espíritu pionero que acompañó a la federación desde sus inicios, otros lo consideran una mancha en la historia del país, un recordatorio de la injusticia y la violencia que acompañaron a la expansión americana.
En El ContraSello:
- El espionaje en la segunda guerra mundial
- México antes de México
Bibliografia
- «Historia de Estados Unidos» de Aurora Bosch
- «Breve historia de Estados Unidos» de Philip Jenkins
- «Breve Historia de los Estados Unidos» de Samuel Eliot
- «Continente indígena» de Pekka Hämäläinen




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