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La ciudad de Pedrarias

Panamá tiene uno de los lemas nacionales más bonitos de todo el orbe. Dice textualmente “Pro mundi beneficio” (en beneficio del mundo). Está impreso sobre el escudo oficial del país desde 1904, un año después del nacimiento de la República de Panamá, que no se independizó de España, sino de Colombia. Hoy cuando nos dicen Panamá pensamos en un país y en un sombrero, pero Panamá también es un árbol tropical oriundo de América Central y una tribu de indios que Pedro Arias de Ávila encontró por allí en 1516. Envió una carta al rey Fernando el Católico comunicándole su hallazgo y, de paso, poniendo en alfabeto latino el término por primera vez en la historia. A partir de ahí quedaría indisolublemente unido a la parte más estrecha del istmo centroamericano.

Pedro Arias de Ávila, más conocido como Pedrarias Dávila o simplemente Pedrarias, un segoviano que había guerreado en Granada y en África, fue nombrado gobernador de la Castilla del Oro en 1513. La Castilla del Oro era como los españoles conocían a la costa que va de Nicaragua a Colombia, una región tropical y de gran exuberancia natural que en nada se parece a la Castilla de la que salió Pedrarias. Eso no fue obstáculo para que Pedrarias fundase la Ciudad de Panamá en 1519 con el nombre de Nuestra Señora de la Asunción de Panamá. La llamó así porque puso la primera piedra el día 15 de agosto, Festividad de la Asunción de la Virgen.

A la Panamá de Pedrarias hoy se la conoce como Panamá la Vieja, que fue saqueada por el pirata Henry Morgan en 1671. Panamá la Vieja era difícil de defender, de modo que el capitán general de Tierra Firme, Juan Pérez de Guzmán, ordenó reconstruir la ciudad en un emplazamiento mejor abrigado unos ocho kilómetros al suroeste. La nueva Panamá se empezó a levantar en 1673 y en pocos años ya brillaba tanto o más que su antecesora. Hoy ambas son Patrimonio de la Humanidad, algo que habrá que agradecer a Henry Morgan que, en todo lo demás, fue un ladrón y un asesino sin escrúpulos. Quizá precisamente por eso Carlos II de Inglaterra le elevó al rango de caballero y gobernador de Jamaica.

Casco antiguo de la Ciudad de Panamá. Empezó a construirse en 1673. En primer plano la iglesia de San Francisco de Asís en la plaza Bolívar.

El casco histórico de Panamá es una auténtica joya, tanto que, cuando construyeron la autopista costera, decidieron bordearlo metiendo la autopista dentro del mar para no tener que tocar un solo edificio. Gracias a ello, algunas de las mejores vistas de la parte antigua de la ciudad se obtienen desde el automóvil. El casco orbita en torno a la plaza de la independencia, una plaza cuadrada al estilo castellano que alberga la catedral metropolitana y el museo del canal.

Catedral Metropolitana de Panamá. Empezó a construirse en 1688 y fue consagrada en 1796.

La catedral empezó a construirse en el siglo XVII, pero casi toda está realizada en el XVIII. Tiene una fachada peculiar. Las torres están revocadas en blanco mientras que la portada luce piedra vista. El contraste es llamativo, de ahí que la de Panamá sea de esas catedrales que nunca se olvidan.

Los panameños están muy orgullos de ella y no es para menos porque es preciosa. También lo están de iglesias como la de San Francisco de Asís o de los conventos de la Compañía de Jesús y de Santo Domingo, ambos en ruinas. En el de la Compañía de Jesús se encontraba la Real y Pontificia Universidad de San Javier, la primera de Panamá y la segunda de Centroamérica tras la San Carlos de Guatemala. Se fundó en 1749 en tiempos de Fernando VI y contaba con tres cátedras: Filosofía, Teología moral y Escolástica. Tomar un café -panameño, claro- junto a las ruinas de cualquiera de estos conventos es un placer que roza la perfección. La municipalidad de Ciudad de Panamá tiene el casco viejo hecho un primor lo que unido a que los panameños son unos tipos extremadamente simpáticos y de trato cordialísimo, hacen del paseo por la zona histórica toda una experiencia.

Panorama urbano del distrito financiero de la Ciudad de Panamá. Hoy reúne la mayor concentración de rascacielos de toda Hispanoamérica.

Evidentemente Ciudad de Panamá es mucho más. Tiene un millón de habitantes al fin y al cabo y es una ciudad moderna y próspera. Cuando uno aterriza en el aeropuerto de Tocumen cree estar haciéndolo en Singapur o en Hong Kong. De unos treinta años a esta parte se ha convertido en un centro financiero de primer orden y, como tal, colecciona los rascacielos. Algunos son realmente impresionantes como el Bahía Grand Panamá, que parece una pescadilla abierta en canal, o la Torre F&F, más conocida por los lugareños como “el tornillo” porque parece eso mismo, un tornillo. Si mostrásemos a Pedrarias en lo que se ha convertido su Nuestra Señora de la Asunción de Panamá no se lo terminaría de creer.

Tanta actividad económica y el hecho de estar en el mismo centro de América ha provocado que su aeropuerto se haya convertido en un importante centro de distribución de tráfico. El de Tocumen es el aeropuerto de las Américas. Desde allí se puede volar a prácticamente todas las capitales del continente. También se puede volar a España. Si consultamos en Liligo.es veremos al instante que Iberia lo hace a diario desde Madrid en un vuelo que, eso sí, tarda casi once horas en llegar. Sí, es cierto, desde el punto de vista geográfico, Panamá está algo lejos, en todo lo demás está cerquísima.

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