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Historia de un canal

No existe en todo el mundo una vía de navegación más famosa e importante, al menos para el comercio. Mide 82 kilómetros y comunica los dos océanos más grandes del planeta: el Atlántico al este y el Pacífico al oeste. Es una obra de ingeniera fastuosa, dotada de varios juegos de esclusas gigantes que permiten a los barcos cruzar de un océano a otro ahorrándose semanas de travesía y una cantidad considerable de combustible, ya que la otra opción para ir del Atlántico norte al Pacífico norte es circunnavegar Sudamérica, un continente muy largo cuyo extremo meridional se sitúa en el paralelo 55 sur.

Os estoy hablando como ya habréis imaginado del Canal de Panamá, una infraestructura que lleva más de un siglo en operación, pero que los primeros exploradores españoles llegaron al istmo allá por los inicios del siglo XVI, ya imaginaron. Se elaboraron muchos proyectos para hacerlo realidad pero, aunque el istmo es estrecho, no se pudo excavar el canal hasta que la tecnología lo permitió a finales del siglo XIX.

Y aún así no fue fácil. Llevó más de treinta años concluirlo, costó miles de vidas, consumió millones de dólares y reclamó el concurso de los mejores ingenieros de la época. Hoy en La ContraHistoria vamos a ver la historia del Canal de Panamá, el único canal del mundo al que no hace falta poner apellido, con decir el canal todos saben de cuál estamos hablando.

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