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La guerra que nunca fue

Es una de las grandes preguntas de la historia del siglo XX: ¿por qué no entró España en la Segunda Guerra Mundial? En principio todo indicaba que lo iba a hacer. En 1939 el régimen de Franco, recién instaurado tras la Guerra Civil, estaba alineado sin fisuras con las potencias del Eje Roma-Berlín de las que tanto apoyo había recibido durante la guerra. El ejército alemán cosechaba, además, victoria tras victoria durante el primer año del conflicto, lo que invitaba a pensar que terminaría adueñándose de Europa entera, incluido el Reino Unido. Para Franco era muy tentador subirse al carro de los vencedores en 1940 y participar del banquete que se iban a dar en el tratado de paz a costa de los derrotados.

Pero Franco nunca entró en guerra con los aliados. Primero declaró la neutralidad del país, luego, tras la caída de Francia, moduló su postura definiéndola como de «no beligerancia», más tarde, cuando los alemanes se encontraban ya en retirada volvió a la neutralidad. En todo momento, eso sí, apoyó de palabra a las potencias del Eje, les facilitó materias primas esenciales e incluso llegó a enviar una división de voluntarios a Rusia meses después de que arrancase la Operación Barbarroja. Pero el régimen se cuidó muy mucho de ir más allá.

En su seno muchos, especialmente los más cercanos a la Falange, estaban decididos a entrar en guerra, otros, por el contrario, se oponían con firmeza. Algunos por una cuestión de principios, otros porque la situación del país tras casi tres años de guerra era desesperada, por lo que era inconcebible meterse de nuevo en guerra, menos aún en una de esa envergadura y con enemigos de la talla del imperio británico, que en aquel momento se encontraba intacto.

Esto llevó a que durante 1939 y 1940 Madrid se convirtiera en un nido de espías que intrigaban y abonaban cuantiosos sobornos para inclinar la balanza en una u otra dirección. Fueron dos años en los que el régimen de Franco se jugó, sin saberlo, su propia supervivencia, ya que de haber entrado en la guerra eso hubiese supuesto su destrucción y la de la propia España.

Hoy en La ContraHistoria vamos a volver sobre este episodio histórico, muy bien documentado por lo demás, pero que en su momento se manejó al más alto secreto, tanto por el Gobierno español como por el alemán.

En El ContraSello:

  • Sigmund Freud
  • La diáspora italiana

Bibliografía

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