Un plan para Gaza

El lunes, Donald Trump y Benjamin Netanyahu se reunieron en la Casa Blanca para discutir un plan de alto el fuego en Gaza, un tema urgente tras varios meses de guerra sin cuartel. Esta no era la primera vez que se veían: en febrero, poco después de la investidura de Trump, ya se habían reunido, pero sin resultados concretos más allá de reafirmar la alianza entre Estados Unidos e Israel. Entonces, Trump se mostró obsequioso, aunque la reunión fue esencialmente simbólica y todo lo que dio de sí fueron unos vídeos generados por inteligencia artificial que mostraban a Gaza como un resort turístico.

Desde aquel encuentro las relaciones parecían haberse enfriado, especialmente a mediados de año cuando Trump no incluyó a Israel en su gira por Oriente Medio. La cooperación se reanudó de forma decisiva con la operación «martillo de medianoche» para destruir el programa nuclear iraní. Esto allanó el camino para una gran ofensiva israelí en Gaza, que comenzó a finales de verano y sigue en curso provocando numerosas víctimas y mucho sufrimiento en la población civil. La situación ha suscitado gran rechazo de la comunidad internacional, especialmente hacia Netanyahu, cuya popularidad está en mínimos tanto en Israel como en el exterior.

La reunión del lunes fue iniciativa de Trump, que presentó a Netanyahu un plan de alto el fuego bien estructurado para poner fin a la guerra en Gaza. Este plan, de 20 puntos, exige la liberación de los 48 rehenes israelíes retenidos por Hamás en un plazo de 72 horas tras el alto el fuego. A cambio Israel liberará unos 1.700 presos palestinos, entre ellos 250 que cumplen prisión perpetua. Además de eso, Hamás debería desarmarse, revelar la ubicación de sus infraestructuras y ceder el control de Gaza, donde ha gobernado desde 2007. Israel, por su parte, se retiraría de forma gradual manteniendo solo el control del perímetro de la franja. La seguridad interna estaría a cargo de una fuerza internacional de estabilización, mientras que un comité de tecnócratas palestinos gestionaría los servicios públicos. Una Junta de Paz, liderada por figuras como Tony Blair y supervisada por Trump, coordinaría la reconstrucción de Gaza con fondos internacionales.

Sobre el plan pesan tres grandes interrogantes. El primero es si aceptará Hamás las condiciones, que implican perder su principal baza negociadora (los rehenes) y el control de la franja. La segunda es si lo refrendarán los socios de Netanyahu, que tienen intención de anexionar Gaza y repoblarla con colonos. Por último, es también una incógnita si esta solución se ganará el apoyo de los gazatíes. Las encuestas revelan que la población de Gaza, agotada por la guerra, prioriza el fin de los bombardeos y el acceso a servicios básicos, el apoyo a Hamás es ya residual y se decantan por un gobierno internacional o por devolver la franja a la Autoridad Nacional Palestina.

El éxito del plan depende de la presión sobre ambas partes. Hamás podría dividirse entre una facción pragmática y otra que opte por seguir luchando. Netanyahu, por su parte, se encuentra ante un dilema: apoyar el plan podría costarle el respaldo de sus socios y, con ello, su puesto como primer ministro. Si Hamás rechaza el plan, Israel contaría con el apoyo de Trump para endurecer la ofensiva y eso prolongaría el conflicto. El plazo para aceptar el acuerdo vence pronto, y su aprobación podría ser una oportunidad única para la paz en Gaza.

En La ContraRéplica:

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  • 34:34 La flotilla de Gaza
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  • 47:07 El cortijo de Isabel Izquierdo Peraile

1 Comment

  1. Shalom. Son las 3:42 de la madrugada en Israel. Aunque te sigo en Youtube, no conocía tu blog y me encontré con tu nota entrando al mío. Respecto al tema de tu artículo, debo decirte que este acuerdo (más allá de la decisión de Hamás), a mí me produce mucha desconfianza. Por un lado sería genial que tanto los secuestrados como los soldados al fin dejen de poner en riesgo sus vidas y vuelvan a casa. Por otro lado, genera mucha incertidumbre. Porque una de las entradas de dinero de Hamás es el contrabando de armas. Así que el desarme podría ser momentáneo. No se plantea la desintegración de Hamás y eso continúa poniéndonos en riesgo. No se está teniendo en cuenta tampoco a la Yihad Islámica que también perpetraron la masacre del 7 de octubre y también secuestraron gente. Y ellos ya dijeron que rechazan el acuerdo. De todos modos, en mi humilde opinión, lo más importante es que regresen todos a casa. Ya va a haber tiempo de resolver lo otro y tampoco sé si podíamos esperar un acuerdo mejor (aunque no sea el mejor). Perdón por la extensión y si me enredé un poco.

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