Hace ya semana y media que un grupo de manifestantes decidió acampar en la Puerta del Sol para protestar por el desahucio de Maricarmen Abascal y por los problemas para alquilar y adquirir vivienda. El asunto de Maricarmen se resolvió poco después cuando el ayuntamiento de Madrid medió con la empresa propietaria del inmueble y el abogado de Maricarmen, pero la acampada se mantuvo. En principio se iban a quedar hasta que el Gobierno aprobase un decreto (al final fueron dos) al que bautizaron como Maricarmen. El Gobierno los aprobó el martes y los llevó al Congreso de los Diputados el viernes para su convalidación. Fueron rechazados por la cámara y ese mismo día se habló de que los acampados se marcharían.
Tras reunirse en asamblea decidieron quedarse, ampliar y reorganizar la acampada. Hoy es un fortín que ocupa buena parte de la plaza. Un fortín porque no es sencillo entrar, los accesos son pocos y hay controles en cada uno de ellos. Formalmente no prohíben acceder, pero si impiden que se tomen fotografías en el interior. Nada de eso sucedió en la acampada del 15-M, que estaba abierta a cualquiera, tenía mucha menos densidad de tiendas y en ningún momento se prohibió hacer fotos.
Tanto la acampada en sí misma como las restricciones a la movilidad en el centro de la plaza y la toma de fotografías son ilegales. La Puerta del Sol es un espacio público, cualquier viandante puede atravesarla o permanecer en ella cuando quiera, la libertad de tránsito es total salvo en circunstancias muy concretas como eventos masivos u obras públicas. Esas restricciones a la movilidad las fija el ayuntamiento. En el caso de los eventos es la policía municipal la que se encarga de delimitar el espacio restringido y de controlar el acceso. En el caso de las obras públicas son los empleados de la empresa que la realiza quienes vallan la zona y la custodian. Una acampada permanente no entra dentro de ninguno de estos dos supuestos, es una invasión del espacio público por parte de cientos de personas que han decidido pernoctar y hacer vida allí.
La razón por la que han convertido la acampada en un fuerte mediante la colocación de tiendas en el perímetro (muchas de ellas vacías) es seguramente prepararse para un posible desalojo. Tal y como están hoy las cosas sería muy complicado sacarles por la fuerza, hay cientos de tiendas, mobiliario de todo tipo, carpas, lonas e infinidad de enseres, unos para uso personal y otros destinados a los servicios de la propia acampada. Eso es lo que quieren proteger, por eso dificultan el acceso y tratan de impedir que se hagan fotografías y vídeos en su interior. El domingo intenté acceder y me lo impidieron arguyendo que llevaba una cámara en la mano, regresé el lunes solo con el teléfono móvil y tomé unas cuantas fotografías en su interior, todas de forma rápida para documentar lo que sucede allí dentro. Esto es lo que hay:

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