Elecciones plebiscitarias

Pedro Sánchez disolvió ayer las Cortes y convocó elecciones generales para el próximo 29 de noviembre. Ese fue el desenlace tras un fin de semana en el que se retiró a meditar sobre qué hacer después del rechazo parlamentaria de los llamados «decretos Maricarmen» sobre vivienda. Lo hace, eso sí, después de prometer decenas de veces que agotaría la legislatura y sin explicar por qué ha cambiado de opinión. Seguramente se haya quedado ya sin margen y considere que aún tiene posibilidades de seguir en el poder.

El hecho es que ningún candidato que confiase en ganar acudiría a las urnas con unas encuestas que dan al bloque de la derecha más de 200 escaños en el Congreso, incluso después de la movilización por el desahucio de Maricarmen. Su plan original era aguantar hasta el verano de 2027 y dejar que alcaldes y presidentes autonómicos socialistas absorbiesen el castigo destinado a él. Si renuncia a diez meses más en La Moncloa con todas las gabelas y privilegios que trae aparejado es porque confía en otra carambola como la de 2023. Esta vez no tendrá a Sumar como muleta, sino a una nueva coalición llamada Frente Amplio. Cambia el nombre, pero no las caras. La diferencia con lo que pasó entonces es que el panorama es mucho más sombrío para él. Su hermano, José Luis Ábalos y el antiguo fiscal general del Estado ya han sido condenados. Los casos de corrupción asedian entretanto al PSOE.

Sánchez siempre se ha presentado como el antagonista de algo. Primero de Mariano Rajoy, luego de la corrupción del PP, después del fascismo y ahora de los especuladores. Pero lleva ocho años gobernando y la vivienda no ha dejado de encarecerse porque la oferta se ha estancado mientras la demanda se disparaba. Basta un gráfico con la evolución de los precios para desmontar ese eslogan. Tampoco es cierto que los decretos estuviesen diseñados para fracasar. El Gobierno quería aprobarlos y no pudo porque ya no tiene apoyos ni para lo que considera esencial. El caso Maricarmen le ha servido para tapar el desastre de Ceuta, pero quedan casi dos meses de campaña y mantener a Maricarmen como monotema será muy complicado.

Su comparecencia fue, de hecho, un mitin de partido en un edificio oficial. Habló de un Gobierno de coalición elegido por las urnas cuando las urnas eligen parlamentos. Dijo que los que votaban en su contra estaban bloqueando su acción de Gobierno y señaló a unas élites sin rostro que conspiran contra él pero que durante los últimos ocho años han sido muy complacientes con él. Presumió además de crecimiento económico escogiendo con cuidado el periodo y los países con los que comparar. Entretanto pretende sacar adelante los decretos a través de la Diputación Permanente, algo legal pero institucionalmente inaceptable.

La legislatura termina sin un solo proyecto de presupuestos, algo inédito desde la Transición, y con el decreto ley convertido en método ordinario de gobierno. Pero lo que de verdad le empuja es el cerco judicial con la posible imputación del PSOE por su financiación y el juicio a Begoña Gómez en el horizonte. Mejor ir antes a las urnas. En ese aspecto el adelanto también beneficia a su partido, que, pase lo que pase, llegará en mejores condiciones a las municipales y autonómicas de mayo del año próximo.

La oposición no debería entrar en el juego de la crispación, que es precisamente el terreno en el que Sánchez y sus aliados mejor se mueven. Alberto Núñez Feijóo necesita propuestas concretas, empezando por un plan de vivienda basado en construir y no solo en regular. El 29 de noviembre no se juzga un decreto, sino más de ocho años de gobierno. La alternancia es lo normal en democracia y ningún Gobierno es insustituible.

En La ContraRéplica:

  • 41:10 ¿Por qué ha adelantado Sánchez?
  • 46:35 Elecciones y vivienda

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