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Breve historia de un master en la UFM

Carlos Sebastián | Nómada

Esta es la historia de Fergus Hodgson, un estudiante neozelandés que se matriculó en un doble grado de la Universidad Tulane y la UFM. Salió escaldado. Hay tal obsesión con los títulos y gente de tan poco nivel expidiéndolos que estos engaños son cada vez más comunes. Resumiendo: «Exámenes para hacer en casa. Profesores mirando hacia otro lado. Cursos que podrían describirse como cualquier cosa menos rigurosos. Mala conducta y mala gestión flagrantes y ampliamente toleradas. Y nadie actuó para cambiarlo«. Así es como define Hodgson su experiencia en el Master de Finanzas Internacionales de Tulane en colaboración con la UFM, una universidad que tiene un centro en Madrid aunque, por fortuna, aún no ha encontrado a ningún socio local con el que ofrecer un doble grado.

Tras abonar 33.000 dólares se encontró con que los estándares de admisión eran bajos. Una prueba interna de matemáticas y lógica sirvió como sustituto de la prueba de acceso. Le siguió una entrevista personal puramente protocolaria. Lo importante, como vemos, era pagar. Al comenzar se materializaron sus temores: aquello estaba plagado de fallos académicos, el plagio y el engaño entre los estudiantes era «casi universal» asegura Hodgson, “lo vi rápidamente, hacían trampas descaradamente en clase, se lo dije a los profesores pero nada hicieron”.

Como los profesores no actuaban informó (aportando pruebas) al decano de Tulane, Ira Solomon, y al rector de la UFM, un tal Gabriel Calzada, un saltimbanqui que en España nunca pasó de profesor asociado. Ambos le ignoraron. Pidió entonces terminar el Master en EEUU. Se lo impidieron. ¿Por qué? Simple, había pagado para “estudiar” en Guatemala, no en Luisiana. Todo, como vemos, es cuestión de sacar dinero al alumno y a cambio entregar un papel que diga que ha hecho/pagado tal o cual Master. La formación se ve que no cuenta demasiado.

Hodgson indagó en la UFM por qué se procedía de ese modo fraudulento. Otro profesor le confesó que, cuando él denunció lo mismo, desde la administración de la UFM le pararon los pies. El jefe de la misma, Ricardo Castillo, es un tipo muy turbio, hijo de un cacique local. Más información aquí. Debió quejarse tanto que el decano de la Escuela de Negocios de la UFM, Helmuth Chávez, le ofreció trasladarle a España. Supongo que a la UFM Madrid, dirigida por el primo de Calzada. Sirva esto de introducción a la aventura española de la UFM.

Hodgson declinó la oferta y dio por tirados a la basura sus 33.000 dólares. Se sintió estafado tras comprobar que “el valor educativo era lamentable: no había horas lectivas fijas, ni asistencia técnica, ni bolsa de empleo y los profesores no se preocupaban por las trampas». Concluye, en algún punto entre la indignación y el bochorno, que todas esas irregularidades «a nadie parecían importarles«. Quizá les empiece a importar ahora que se ha hecho público el engaño. Lo que más teme el tramposo es ser descubierto. Aquí también nos debería importar porque la UFM merodea por estos pagos desde hace años. Tiene vínculos tanto con una academia online llamada OMMA como con la Universidad Libre de las Hespérides, recién autorizada por el Gobierno de Canarias.

En este enlace tenéis la historia de Hodgson completa. Ya lo siento por él pero después de denunciar esto no le recomendaría volver por Guatemala. Hay ciertas cosas que allí simplemente no se pueden decir.

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