¿Cómo renació Japón tras la guerra?

Japón se rindió el 15 de agosto de 1945, pero el país estaba en la más absoluta ruina. Las grandes ciudades habían quedado arrasadas por los bombardeos, Hiroshima y Nagasaki estaban totalmente destruidas y la flota mercante yacía en el fondo del mar. La producción industrial apenas alcanzaba el 30% de los niveles previos a la guerra. Para colmo de males, la cosecha de arroz de ese año fue muy mala. La ración oficial rondaba las mil calorías diarias en muchas ciudades y 6 millones de repatriados regresaban a un país incapaz de absorberlos. A ese cuadro se sumaba una inflación galopante que había pulverizado el yen.

Sobre ese país acabado se estableció la administración de ocupación dirigida por el general Douglas MacArthur, que al principio buscó desmilitarizar, democratizar y castigar al antiguo enemigo. La llegada de la guerra fría y el triunfo comunista en China en 1949 cambiaron las prioridades porque en Washington temían que si los japoneses seguían en la miseria habría revueltas y la Unión Soviética no tardaría en apoderarse del archipiélago.

La recuperación se apoyó en tres pilares. El programa GARIOA canalizó hacia el país unos 1.700 millones de dólares en alimentos, fertilizantes, combustible y medicinas, lo que evitó la hambruna que se esperaba para 1946 y 1947. A partir de 1948 se puso en marcha el programa EROA que se encargó de poner en marcha la industria enviando materias primas industriales como el algodón, el mineral de hierro y el carbón. La apuesta fue clara desde el principio: Japón tenía que volver a ser una economía exportadora. En paralelo, el banquero Joseph Dodge llevó a término un plan de ajuste que estabilizó el yen y cuadró las cuentas públicas. Al plan de Dodge le siguió una breve recesión, luego la actividad económica se disparó.

En ello tuvo mucho que ver el estallido de la guerra en la cercana Corea. Japón se convirtió en la retaguardia logística de Estados Unidos y sus aliados. Las compras especiales o «tokuju» hicieron crecer los pedidos a las fábricas japonesas, en total unos 2.300 millones de dólares durante el conflicto que aportaron entre el 60% y el 70% de la entrada de divisas. La industria japonesa renació. En 1951 ya había recuperado sus niveles de preguerra y siguió creciendo. El primer ministro Shigeru Yoshida llegó a calificar la guerra de Corea como un regalo caído del cielo.

El Tratado de San Francisco de 1951 devolvió la soberanía plena al imperio japonés. La ayuda exterior aportó los recursos en los momentos más difíciles, y la guerra en Corea fue muy oportuna, pero fue la disciplina y el talento de los japoneses el que terminó convirtiendo a un país en la ruina en la segunda economía mundial en cuestión de un par de décadas.

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