Corrupción en Ucrania

Hace poco más de una semana moría en un accidente de helicóptero el ministro de Interior ucraniano Denis Monastyrsky. El presidente se vio obligado entonces a buscarle sustituto a toda prisa, pero el accidente de Monastyrsky era sólo el principio de una gran crisis de Gobierno que ha sacudido Ucrania durante los últimos días. Zelenski ha cesado a varios altos cargos y gobernantes regionales sobre los que recaía la sospecha de formar parte de varias tramas corrupta que se enriquecían ilegalmente aprovechando las cuantiosas ayudas que están entrando en el país con motivo de la invasión rusa. A este grupo la prensa le ha bautizado como “batallón Mónaco” porque uno de sus cabecillas, el subjefe de la Oficina Presidencial, Kyrylo Tymoshenko, viajó hasta Montecarlo para celebrar el fin de año.

Junto a Kyrylo Tymoshenko han caído Oleksi Symonenko, fiscal general adjunto que pasó las Navidades en la costa del sol española, y otros cuatro viceministros. La purga ha afectado también a cinco gobernadores provinciales. Entretanto, el viceministro de Defensa Vyacheslav Shapovalov presentó su dimisión tras destapar la prensa ucraniana un fraude en la compra de suministros alimenticios para el ejército. Al parecer inflaba los precios de las raciones destinadas al ejército y desviaba fondos hacia cuentas personales.

En Ucrania, un país acostumbrado a grandes escándalos de corrupción por parte de sus políticos, el caso del “batallón Mónaco” ha indignado especialmente a la población, que se encuentra resistiendo y combatiendo con grandes dificultades y un sinnúmero de sacrificios la invasión rusa. La respuesta de Zelenski ha sido rápida y ejemplarizante, algo que todos estaban esperando porque la impunidad en este tipo de delitos ha sido moneda corriente durante muchos años en Ucrania. Por otro lado, que haya sido la propia prensa local la encargada de airear los diferentes casos y pedir responsabilidades invita también al optimismo. En otras circunstancias o con otro Gobierno este asunto quizá hubiese pasado desapercibido porque se habrían ocupado de taparlo desde arriba. Nada de eso ha sucedido con el “batallón Mónaco”, lo cual es un buen indicador de que muchas cosas están cambiando en el país.

La lucha decidida contra la corrupción, un mal endémico en Ucrania y en otras antiguas repúblicas soviéticas, es un requisito que impone la Comisión Europea a cualquier Estado que pretenda entrar en la Unión Europea, también es algo que tienen muy en cuenta los estadounidenses cuando entregan ayuda financiera. Ningún país puede combatir la corrupción si no cuenta con una Justicia independiente y una prensa genuinamente libre. Esos dos ingredientes han faltado a menudo en Ucrania, por lo que es bueno que ahora comparezcan de la mano. El país no puede permitirse escándalos por una cuestión de prioridades, y porque durante una guerra el ejemplo de los poderosos es quizá el mejor incentivo para seguir luchando. Zelenski ha sabido estar a la altura de las circunstancias esta vez, pero debe extremar la vigilancia. Hay mucho dinero entrando en el país y su destino ha de ser mantener el esfuerzo de guerra y evitar una crisis humanitaria aún mayor de la que ya ha desatado la invasión.

En La ContraRéplica:

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