El petróleo de Putin

El Consejo Europeo decidió fijar a principios de mes un tope al precio del petróleo para el crudo proveniente de Rusia. El tope es de 60 dólares por barril cuando el precio del barril Brent, el de referencia en Europa, se encuentra por encima de los 80 dólares en estos momentos. El tope al precio del petróleo ruso trata de limitar las subidas bruscas de precios provocadas por las condiciones de mercado anormales que han imperado el último año, y espera reducir de forma drástica los ingresos que el Gobierno ruso obtiene por la venta de petróleo. De este modo tendrá menos fondos para financiar la guerra en Ucrania. Con el tope los países europeos pretenden también estabilizar los precios mundiales de la energía y, al mismo tiempo, atenuar las consecuencias negativas que el encarecimiento del crudo está teniendo sobre el mercado energético.

El tope entró en vigor el pasado 5 de diciembre y tuvo efectos casi inmediatos. La salida de petróleo ruso por mar cayó a casi la mitad sólo unos días después. Rusia se ha visto obligada a buscar clientes alternativos a quienes venderles crudo a precio de mercado, pero estos clientes lo quieren también con descuento. Hace unos días el Kremlin anunció que como respuesta el país reducirá su producción de crudo en unos 500.000-700.000 barriles diarios, una medida de presión para elevar los precios en el mercado internacional y encarecer la factura energética de Europa. Pero medio millón de barriles no es nada, es, de hecho, una gota en el océano. En el mundo se extraen cada día unos 90 millones de barriles por lo que a otros productores les será sencillo compensar lo que Rusia deje de extraer.

Para complicar más el asunto Vladimir Putin firmó esta misma semana un decreto con el que se prohíbe la venta de crudo a los países que apliquen el tope europeo, al que también se ha sumado Australia, Estados Unidos, Japón, Canadá y el Reino Unido. La prohibición para vender petróleo entrará en vigor el 1 de febrero de 2023 y se mantendrá hasta el 1 de julio. Durante esos meses quedará prohibido el suministro de “petróleo y productos petrolíferos rusos a personas y sociedades extranjeras que, directa o indirectamente, usen contratos de fijación de precios máximos”.

Esta medida no va a afectar a Europa porque hace tres semanas entró en vigor el embargo que ya estaba actuando como una prohibición indirecta. Los rusos no quieren vender la mercancía a 60 dólares cuando pueden hacerlo en otras partes del mundo a 80 dólares. La excepción es Hungría, que podrá seguir adquiriendo crudo ruso por oleoducto. Pero el tope europeo no se limita al petróleo que entre en Europa procedente de Rusia, va algo más allá. Incluye también a las navieras europeas que transportan petróleo ruso a terceros países y a las aseguradoras europeas, que no podrán asegurar navíos que acarreen crudo ruso si éste se ha negociado a un precio superior al fijado.

Esto podría sacar mucho crudo del mercado o, por el contrario, meter mucho más ya que Rusia necesita divisas para el esfuerzo de guerra y eso le obliga a exportar al precio que sea. Si el precio de su barril es más bajo tendrá que vender más barriles. Es pronto aún para saber qué dirección tomará el mercado petrolífero, pero lo que podemos tener por seguro es que Rusia se verá problemas en los próximos meses para convertir su petróleo en dinero.

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