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Erdogan cae en su propia trampa

El pasado día 28 el Gobierno turco anunció que dejaría de controlar sus fronteras con la Unión Europea permitiendo de este modo que miles de refugiados se abran camino hacia Bulgaria y Grecia. Tras la crisis de los refugiados de 2015 Bruselas acordó con Ankara que no podía volver a repetirse un episodio similar ofreciéndole a cambio un paquete de ayuda económica. Pero la situación de Turquía no es la misma cuatro años después. El país no termina de superar la crisis económica en la que lleva sumergido desde hace tres años y, para colmo de males, la política exterior expansiva del Gobierno turco en Siria y Libia ha terminado haciendo saltar el equilibrio anterior.

Así, en una huida hacia adelante, un acorralado Erdogan ha ocasionado una nueva crisis. Pero esta vez la UE estaba prevenida. Tanto Grecia como Bulgaria han cerrado a cal y canto su frontera con Turquía frustrando de paso los planes de Erdogan de involucrar a la Unión Europea en sus problemas en Siria y Libia, dos trampas en las que se metió él solito y de las que no podrá salir fácilmente.

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