Cayetano Borso di Carminati murió fusilado en Zaragoza en el otoño de 1841 justo al lado de la placa que recordaba la Constitución de Cádiz. Era mariscal de campo, tenía 44 años y había perdido el ojo derecho luchando con los liberales portugueses. De hecho había pasado media vida peleando por las constituciones liberales, pero terminaron con él otros liberales.
Nació en Málaga a finales del siglo XVIII en el seno de una familia genovesa, de las muchas asentadas en los puertos andaluces. Muy joven ingresó en la guardia del rey de Cerdeña y a comienzos de los años 20 se sumó a la revuelta piamontesa que pedía una constitución calcada de la gaditana. La derrota le valió una condena a galeras y el destierro. Vino entonces a España para ponerse del lado de los liberales de Rafael del Riego, resistió la invasión de los Cien Mil Hijos de San Luis, acabó preso en su ciudad natal y escapó por Gibraltar, de donde salió camino de Inglaterra.
Pasó seis años dando clases de italiano en Bath a una clientela acomodada que soñaba viajar a Italia. Así era la vida del proscrito en la Europa de la Restauración, siempre a la espera de la siguiente revolución. Esa revolución estalló en París en 1830, Borso viajó a Francia y se echó a la calle con los insurrectos. Después participó en una serie de expediciones italianas fracasadas que se organizaron desde Lyon y Córcega. En esa época se trató con Giuseppe Mazzini, de quien acabó distanciándose.
Vio una nueva oportunidad en Portugal, se sumó a las milicias reclutadas por el emperador de Brasil, Pedro de Braganza, para defender el trono de su hija María frente a su tío Miguel. Desembarcó cerca de Oporto con las tropas de Pedro, participó en la toma de Oporto y resistió el asedio de los miguelistas. Fue allí donde perdió allí el ojo derecho y recibió la Orden de la Torre y la Espada. Regresó a España al frente de un regimiento portugués para combatir a los carlistas de Ramón Cabrera en el Maestrazgo. Se distinguió en varias acciones, se casó, tuvo un hijo y alcanzó el fajín de mariscal de campo.
Estaba llamado a jugar un papel importante en el reinado de Isabel II, pero todo se torció durante la regencia de Baldomero Espartero. En el pronunciamiento moderado a favor de María Cristina de Borbón le encomendaron asegurar Zaragoza, pero sus sargentos se amotinaron y le apresaron. Espartero, decidido a dar un escarmiento, rompió la costumbre de desterrar a los generales sublevado. A Borso di Carminati le tocó un consejo de guerra sumario que le condenó a muerte. Después de eso fue olvidado. Fue un héroe de cuatro patrias, pero ninguna de ellas reclamó nunca su figura.
- “El General Borso di Carminati. Héroe de cuatro patrias” de Josep Sánchez Cervelló


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