La Pasionaria

Dolores Ibárruri, también conocida como la Pasionaria, nació en Gallarta, en la cuenca minera vizcaína, a finales del siglo XIX. Hija de un minero carlista y de una familia muy católica, dejó la escuela en la adolescencia, trabajó como costurera y sirvienta y se casó con un minero socialista. De sus seis hijos solo sobrevivieron dos. En la Casa del Pueblo descubrió la prensa obrera, y el seudónimo con el que firmó su primer artículo en Semana Santa la acompañaría el resto de su vida.

Militó en el Partido Comunista de España desde su nacimiento y fue escalando posiciones siempre bajo la tutela de la Komintern, a la que sirvió durante años. Con la llegada de la República se instaló en Madrid y entró en el núcleo dirigente del partido. En las elecciones de 1936 obtuvo un escaño por Asturias con el Frente Popular

La Guerra Civil la convirtió en la voz más conocida del bando republicano. Su alocución radiofónica de las primeras horas de la sublevación popularizó el «No pasarán», y sus arengas la hicieron conocida en medio mundo. Al mismo tiempo, formaba parte de la dirección de un partido que creció al calor de la ayuda soviética, que se enfrentó a anarquistas y socialistas de izquierda y que secundó la persecución del POUM, cuyo líder, Andreu Nin, fue asesinado por agentes soviéticos. Fue vicepresidenta de las Cortes, despidió a las Brigadas Internacionales en Barcelona y abandonó España pocas semanas antes del final de la guerra.

Su exilio duró casi cuatro décadas, la mayor parte lo pasó en la Unión Soviética. Allí asumió la secretaría general del partido tras la muerte de José Díaz y perdió a su hijo Rubén en Stalingrado. Dirigió el PCE en los años de mayor alineamiento con Stalin, una etapa marcada por expulsiones y purgas internas. Tras la desestalinización apoyó la nueva estrategia del PCE de abogar por la reconciliación nacional, cedió la secretaría general a Santiago Carrillo para ocupar la presidencia y apoyó incluso la condena de la invasión de Checoslovaquia por parte del Pacto del Varsovia.

Regresó a España en plena transición, ya con más de 80 años, poco después de la legalización del partido. Volvió a ser elegida diputada por Asturias y su imagen del brazo de Rafael Alberti en el Congreso se convirtió en una de las estampas de la aquellos años. Murió en Madrid a finales de los años 80, pocos días después de la caída del Muro de Berlín. Su figura sigue siendo hoy objeto de acalorados debates.

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