La Sagrada Familia se ha convertido en la iglesia más alta del mundo tras coronarse su Torre de Jesucristo (de 172,5 metros) con una gran cruz de 4 brazos. El Papa León XIV bendijo hace unos días esta torre en presencia de los reyes coincidiendo con el centenario de la muerte de Antoni Gaudí. Pero el templo aún no está terminado, los trabajos interiores se prolongarán hasta 2028 y la fachada de la Gloria no concluirá hasta 2034 como mínimo. Cabe preguntarse por qué una obra así sigue inacabada casi siglo y medio después de que comenzase su construcción en 1882 cuando hoy existe tecnología para levantar edificios mayores en muy pocos años.
La respuesta reside en la conjunción de varios factores. El proyecto nació como una modesta iglesia neogótica diseñada por Francisco de Paula del Villar, pero en 1883 el proyecto pasó a Antoni Gaudí, que con 31 años lo transformó en su obra más audaz y personal. Inspirándose en la naturaleza, desterró la línea recta y la sustituyó por complejas superficies regladas que calculaba mediante modelos funiculares. Proyectó 18 torres y 3 fachadas concebidas como un relato monumental de la vida de Cristo. Cuando murió tras ser arrollado por un tranvía en 1926, apenas había concluido la cripta, el ábside y parte de la fachada del Nacimiento, menos de una cuarta parte del conjunto.
El segundo golpe llegó en 1936, cuando un grupo de milicianos incendiaron el taller y destruyeron las maquetas de yeso que constituían la guía de la obra. Reconstruir aquel método de creación, tan ligado al genio de Gaudí, resultó una labor titánica y solo se reanudó con lentitud a partir de los años 50. Un tercer condicionante fue la financiación. Concebido como templo expiatorio, debía sufragarse únicamente con donativos voluntarios, sin recurrir nunca a dinero público. Durante décadas eso impuso un ritmo penosamente lento, hasta que el turismo de los últimos 30 años permitió que los ingresos se disparasen y eso permitió vislumbrar el final, aunque crisis como la de 2008 o la pandemia de 2020 demostraron que la Sagrada Familia sigue sometida a las vicisitudes de cada época.
A todo ello se suma la dificultad técnica del proyecto. Se resolvió después de muchos años gracias a la incorporación de programas de diseño paramétrico procedentes de la industria aeronáutica. También se han producido infinidad de disputas entre entre los arquitectos que sucedieron a Gaudí, todas en torno a la fidelidad al proyecto original de Gaudí. Todo se junto, una idea revolucionaria, la muerte temprana de su creador, la guerra, la financiación popular y la difícil interpretación de su obra han resultado en la obra más lenta de la arquitectura contemporánea. Gaudí ya lo imaginaba, pero eso no le quitaba el sueño ya que, según decía, su cliente nunca tuvo prisa.





He leído su artículo y quería aportar mi «punto de vista» u perspectiva, vamos, mi opinión. No se hace suficiente hincapié en el aspecto «expiatorio» que tiene el «proyecto» Sagrada Familia.
Antoní Gaudí se hace cargo de la construcción de una «basílica» proyectada como un templo Neogótico. Decide construir un templo al estilo Gaudí. Al ser expiatorio, recibe las aportaciones particulares, nunca estatales.
Con visión católica: aportaciones para expirar pecados.
En un momento de esta historia, Gaudí recibe una donación tan importante como para terminar toda la obra. Aquí decide priorizar, el expiatorio por delante de la finalización de la obra. Lo invierte en una fachada lateral.
Fijémonos, todas las construcciones se realizan perimetralmente hasta llegar a su cobertura. En la Catedral de Barcelona se deja para lo ultimo la fachada, contemporánea de la Sagrada familia.
Gaudí dice «mi cliente no tiene prisa» y, en lugar de construir el perímetro, construye una puerta o fachada lateral, que sabe que no va ha ver terminada. Cambia el concepto «yo construyo una basílica», por «yo inicio un proyecto». Y contra más, se prolongue en el tiempo, mejor.
No me quiero extender, pero dentro de ese proyecto aparecieron las escuelas de la Sagrada Familia, entre otros.
Este proyecto se encontró con innumerables enemigos; primero la propia diócesis, tema ocultado y, posteriormente: republicanos, el Ayuntamiento… Y hasta la «intelectualidad catalana».
Disculpe, pero no me quiero extender; en un tema que me apasiona.
soy un gran y fiel seguidor suyo y estoy a su disposición xalobe@m