Tablas en el Golfo

Tras muchas promesas fallidas, Donald Trump anunció en la madrugada del domingo un primer acuerdo para poner fin a casi cuatro meses de guerra y reabrir el estrecho de Ormuz. La noticia coincidió con su 80 cumpleaños, una casualidad que él mismo se encargó de recordar con su estilo habitual. Lo cierto es que no se ha firmado nada todavía. Se trata tan solo de un memorando de entendimiento, un género diplomático que sirve para anunciar a bombo y platillo que dos partes seguirán negociando. El memorando en cuestión se rubricará el viernes en Ginebra y su contenido permanece, en lo esencial, en secreto.

Lo poco que ha trascendido anticipa un acuerdo de alcance limitado. Parte del levantamiento simultáneo de los dos bloqueos sobre Ormuz, un estrecho que debería quedar despejado en 30 días. A partir de ahí se abre un periodo de otros 60 días de conversaciones sobre el verdadero hueso del asunto, el programa nuclear iraní. Es, en puridad, un acuerdo para negociar otro acuerdo. Eso sí, solo el anuncio bastó para que el barril Brent cayera más de un 5% hasta los 83 dólares, su nivel más bajo desde el mes marzo, aunque todavía 20 dólares por encima del precio previo a la guerra. Unos 60 petroleros llevan meses fondeados a la espera de que el paso se reabra y los depósitos de los países del golfo Pérsico están llenos.

El capítulo nuclear es harina de otro costal. Irán guarda más de 400 kilos de uranio enriquecido a un grado cercano al armamentístico. Trump exigió durante meses que lo entregaran sin más, pero al final ha sido el más fuerte quien ha cedido. EEUU dará por bueno que sea el Organismo Internacional de la Energía Atómica de la ONU quien asesore a los iraníes sobre el destino final del material. Todo, en definitiva, recuerda demasiado al acuerdo de 2015 del que el propio Trump se salió en 2018 armando mucho ruido. La pregunta de fondo, la que nadie formula en voz alta, es si a un régimen decidido a tener la bomba se le puede disuadir con concesiones. La experiencia de los últimos 20 invita al pesimismo.

A cambio de su buena disposición, Irán recibirá un primer alivio de sanciones y la liberación de hasta 24.000 millones de dólares en activos congelados, pero todo irá por fases. El protagonismo diplomático lo han acaparado Catar y el vicepresidente J.D. Vance, que exhibe el memorando como credencial de cara a una posible candidatura en 2028. Israel es quien peor sale parado. Ni el arsenal de misiles iraní ni su red de milicias figuran en el acuerdo. Netanyahu, reprendido públicamente por Trump tras atacar Beirut, queda más solo que nunca ante su principal valedor.

A falta de que se conozca todo el memorando de entendimiento, lo que sabemos hasta ahora nos dice que han quedado en tablas. Trump ha rebajado sus aspiraciones que prometían un cambio de régimen en Irán. Los ayatolás, por su parte, cantan victoria con la boca llena pese a que tienen la economía en ruinas. El riesgo de que esto sea solo el descanso entre dos asaltos sigue intacto.

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