Trump y la defensa de Europa

No es un secreto para nadie que el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca reinicia las relaciones transatlánticas, unas relaciones que habían mejorado sustancialmente s durante el mandato de su predecesor. La Unión Europea, como uno de los principales socios comerciales y aliados estratégicos de EEUU, se encuentra ante un escenario complejo y lleno de incertidumbres habida cuenta del historial de Trump respecto a Europa en su primer mandato.

Trump lleva años mostrando una postura crítica hacia la UE. La ha descrito en muchas ocasiones como un rival en el comercio global y como un aliado poco fiable. Nada de eso ha cambiado. En su discurso de investidura no mencionó directamente a la Unión Europea, pero insinuó que la nueva ronda de aranceles podría afectar también a las importaciones provenientes de Europa. Esto de que los castigos arancelarios crucen el Atlántico es algo que no hay que eliminar. Trump ha dicho en numerosas ocasiones que la Unión Europea trata muy mal a Estados Unidos, con quien mantiene un sustancioso superávit comercial.

Pero la comercial es sólo una de las patas en la que se materializará la agenda europea de Trump, la otra es la política de defensa. La OTAN, que a lo largo de los últimos años ha revivido como consecuencia de la invasión rusa de Ucrania, no es del agrado de Trump, que cree que se trata de una organización obsoleta. Esto provoca dudas sobre su continuidad, lo que repercute directamente en el compromiso estadounidense de defensa europea. Para colmo de males, Trump está a partir un piñón con todos los líderes y movimientos euroescépticos, en el pasado celebró el Brexit y sus relaciones son tirantes cuando no abiertamente malas con los principales mandatarios europeos. Esa es, en última instancia, la razón por la que muchos en Bruselas ven su regreso con desconfianza y preocupación.

Por la cuenta que les trae, los líderes europeos quieren evitar la confrontación directa y, hasta ahora, se han decantado por una actitud cautelosa, al tiempo que se han mostrado partidarios de cooperar con el nuevo Gobierno estadounidense. Con idea de subrayar la importancia de la relación transatlántica, la Comisión Europea presidida por Ursula von der Leyen ha adelantado su disposición a trabajar con Trump. De cara al interior Von der Leyen pretende reforzar la unidad europea para enfrentar los retos comerciales y de seguridad que puedan surgir, lo que incluye la defensa de los intereses europeos frente a posibles políticas arancelarias o medidas unilaterales de EE.UU.

El hecho es que la llegada de Trump podría ser bueno para Europa en el ámbito energético, que es el que más dolores de cabeza ha dado a los europeos en los últimos años. Su política de «perforar, perforar, perforar» podría poner mucho más gas natural en el mercado y eso haría caer su precio. Pero para aprovecharse de esa abundancia de hidrocarburos tendrían que ir aparcando buena parte de la agenda medioambiental europea, que es la más radical del mundo y que, en definitiva, es la que está detrás del incremento en el precio de la energía en el viejo continente en las dos últimas décadas. Los políticos europeos no parecen por la labor de esto último, pero tampoco son conscientes del desafío relativo a la defensa que tienen por delante en los próximos años.

En La ContraRéplica:

  • 29:46 El «wokismo» en Canadá
  • 33:22 El incendio de Los Ángeles
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1 Comment

  1. La UE aún vive en su mundos perfectos e idílicos donde todos son felices y comen perdices. Bueno, perdices no, que no está bien visto, brócoli en su lugar. Si queremos la gran y sacrosanta independencia, tenemos que ser capaces nosotros solitos de obtener los recursos necesarios y gestionar nuestra propia defensa, intentando depender lo menos posible de nadie, sin llegar a caer en el aislamiento, claro. Y el mundo, reventón como está, no invita a seguir en Babia, sino a prepararse para lo peor y ser capaz de afrontarlo.

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