El boicot empresarial a Rusia

Poco después de que el régimen de Vladimir Putin se decidiese a invadir Ucrania el pasado 24 de febrero sucedió algo que nadie había previsto, centenares de empresas occidentales dieron un paso inesperado y anunciaron su retirada inmediata del mercado ruso. A día de hoy son unas 500 de todos los sectores. Unas se han retirado sin ánimo de regresar, otras simplemente han suspendido temporalmente sus operaciones en Rusia, por último, algunas han reducido a la mínima expresión su actividad en el país escudándose en que las sanciones occidentales les impiden proveerse de mercancía.

Pero no todas lo han hecho. Muchas siguen operando allí por interés económico o por razones legales. Algunas poseen grandes intereses mercantiles en Rusia y no se pueden permitir abandonar ese mercado sin ver comprometida su viabilidad. Otras están atadas a acuerdos de franquicia que les impiden marcharse. Este es el caso de Burger King, que cuenta con 800 establecimientos en Rusia, o de algunas empresas hoteleras como la estadounidense Marriott y la francesa Accor que tienen franquiciados decenas de hoteles por toda Rusia.

Para las empresas supone un gran dilema quedarse o irse de Rusia. Se debaten entre erosionar su cuenta de resultados a causa de un problema que les es ajeno o enfrentar otro tipo de erosión más duradera, la relacionada con la buena reputación. Las que más fácil lo tenían se marcharon casi en el acto, otras que tienen muchos huevos en la cesta rusa se negaron a marcharse. Los minoristas han sido especialmente reacios a dejarlo todo en Rusia. Aparte de las pérdidas, temen (con razón) que el Gobierno ruso se vengue y les incaute sus activos, cosa que ya está sucediendo.

Los directivos de las distintas empresas occidentales valoran con mucho cuidado qué hacer. La cadena de supermercados francesa Auchan, por ejemplo, ha decidido no irse. Junto a ella todas las empresas del Grupo Mulliez, un gigante de la distribución con marcas muy conocidas en toda Europa como Decathlon o Leroy Merlin que lleva tres lustros en Rusia y emplea allí a unas 30.000 personas. Algo similar les está pasando a grandes bancos occidentales con fuerte presencia en Rusia. Deutsche Bank se retiró a mediados de mes, pero el austriaco Raiffeisen, el suizo Credit Suisse o el francés Societé Générale permanecerán allí.

Los consejos de administración de las empresas rezan para que esto acabe pronto, se alcance un alto el fuego y vuelva cierta normalidad. No parece que eso vaya a suceder en breve. La opinión pública occidental está muy sensibilizada sobre el tema y quiere que prevalezcan los criterios morales sobre los económicos. Pero las empresas no quieren hacer política, quieren hacer caja, que es la razón de su existencia.

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