Juana de Castilla, la reina que no estaba loca

En el año 1479, en la ciudad de Toledo, nació Juana de Trastámara, de Trastámara por partida doble porque sus padres eran primos. Era la tercera hija de Isabel de Castilla y Fernando de Aragón, conocidos como Reyes Católicos desde que el Papa Alejandro VI les concediese el título mediante una bula. Los monarcas cuidaron de que sus cinco hijos contrajesen matrimonios con príncipes y princesas señalados de otras partes de Europa con intención de afianzar vínculos y mover lealtades. Juana no fue una excepción. Con 16 años, en 1496, partió para Flandes, donde había sido prometida a Felipe, conocido como el Hermoso, hijo de María de Borgoña y Maximiliano de Habsburgo. Destinada a vivir lejos de su Castilla natal, en 1500, tras la muerte de sus hermanos mayores, Juan e Isabel, y del hijo de ésta, Miguel, Juana se convirtió en la heredera de las coronas de Castilla y Aragón.

Su vida cambió radicalmente y durante los siguientes veinte años fue el comodín en manos de su esposo Felipe, su padre Fernando y, por último, su hijo Carlos, empeñados los tres de manera sucesiva en controlar los reinos heredados por Juana. En esa lucha por dominarla, se esgrimió su locura como una de las razones que la impedían gobernar. Sin embargo, en 1520, ya con su esposo y su padre muertos y con su hijo Carlos reinando en Castilla, Aragón y Navarra junto a ella, la revuelta de los Comuneros de Castilla volvió a darle a Juana todo el protagonismo, al ser invitada a recuperar todos los poderes que podía ostentar como reina.

No lo hizo y quedó recluida durante 35 años más en su palacio de Tordesillas al arbitrio de los carceleros impuestos por su hijo Carlos, ya convertido en emperador del Sacro Imperio Romano Germánico. Así permaneció hasta su muerte en 1555, sólo un año antes de la abdicación de Carlos en su nieto Felipe. Tras aquello su figura fue olvidada durante siglos. Los románticos del siglo XIX reclamaron su figura hablando de una mujer pasional, dominada por el amor y derrotada por las ambiciones de sus seres más allegados.

Hubo en la vida de Juana de Castilla muchas luces, algunas recuperadas en estudios recientes, y también sombras, quizá amplificadas por la literatura más que por la historia. Una figura de película cuya vida, prisión y muerte recorreremos hoy en La ContraHistoria junto a Alberto Garín.

Bibliografía

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