Ofensiva de desgaste

Hace dos meses, el día 4 de junio, el ejército ucraniano lanzó su ofensiva veraniega en torno a la ciudad de Orijiv, en la provincia de Zaporiyia, y la de Velika Novosilka, en la de Donetsk. Por el lugar donde se encuentran ambas poblaciones, todo indicaba que su intención era avanzar hacia el mar de Azov y cortar así el puente de tierra que une el Donbás y la península de Crimea. Tras el rápido avance de los meses de agosto y septiembre del año pasado, algunos analistas mostraron cautela. De un año a otro, muchas cosas habían cambiado en los dos bandos, y un largo invierno sin apenas movimientos reseñables invitaba a pensar que los rusos se habían establecido firmemente en las zonas ocupadas.

En el bando ucraniano el ejército, que al principio estaba formado por efectivos reclutados a toda prisa tras la invasión, se ha transformado en una unidad de combate experimentada y efectiva que cuenta, además, con apoyo occidental. En el bando ruso se han aprendido los errores cometidos durante la primera fase de la guerra, y la estrategia que exhibe hoy está muy lejos de aquella guerra relámpago que desplegó durante los dos primeros meses del conflicto.

Como consecuencia, la de Ucrania se ha convertido en una guerra de desgaste. Cuando los ucranianos emprendieron los primeros avances a principios de junio comprobaron que lo que tenían en frente era una línea impenetrable de campos minados, posiciones fortificadas, artillería lista para la defensa y ataques desde el cielo por parte de helicópteros. Los rusos, en definitiva, se han encastillado en la porción de Ucrania que ocupan. Sus defensas tienen en algunos puntos hasta 30 kilómetros de profundidad y están erizadas de minas, trampas para tanques y trincheras. Ucrania no estaba preparada para una resistencia tan numantina, seguramente porque no se la esperaba. Es por ello que, si pretenden seguir avanzando, necesitan con urgencia una panoplia de armas de las que no disponen ahora, al menos en la cantidad adecuada. Armas tales como equipos especializados en la eliminación de minas, sistemas de defensa aérea y misiles anticarro para poder repeler los contraataques rusos desde mayor distancia.

Los generales rusos no parecen por la labor de ponerse en marcha más allá de las inmediaciones de su zona de seguridad en la línea de frente. Ahí es donde esperaban al ejército ucraniano que no se puede permitir tantas bajas y que, precisamente por eso, no ha caído en la trampa. Este parón en el frente les obliga a utilizar sus armas de precisión y largo alcance, valiéndose de la inteligencia occidental para castigar la retaguardia rusa. Eso mismo parece que están haciendo. El 11 de julio mataron a Oleg Tsokov, un general ruso, en la ciudad de Berdiansk, un puerto en la costa del mar de Azov. El 17 el puente de Kerch fue atacado nuevamente y los drones ucranianos han hecho diana en varios puntos de Moscú y el sur de Rusia.

Pues bien, para abordar este tema de la ofensiva ucraniana justo cuando atravesamos el ecuador del verano, nos acompaña hoy en La ContraCrónica, un analista muy brillante y bien conocido en la red ya que es director de The Political Room, una revista de política exterior, y dueño del popular canal de YouTube “Cosas Militares”. Muchos contraescuchas me lo habían pedido. Aquí lo tienen.

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