La extrema izquierda, eso que eufemísticamente llaman la izquierda de la izquierda, está en crisis, una crisis indisoluble de los descalabros sucesivos que ha ido padeciendo Podemos en los últimos años. Este partido de irrumpió en la política española en 2014 aprovechando el descontento generado por la crisis económica de 2008 y el movimiento 15-M. Su éxito inicial fue meteórico, en apenas cinco meses logró cinco eurodiputados y llegó a liderar las encuestas. Pero ese éxito fulgurante ocultaba fragilidades estructurales que acabarían por hundirlo.
Hay varias causas que explican su declive. La primera fue la fragmentación interna, vicio histórico de la izquierda española. La ruptura entre Pablo Iglesias e Íñigo Errejón partió el partido en dos, y le siguieron purgas continuas que expulsaron a fundadores y cuadros relevantes. La segunda fue la contradicción entre el discurso y el ejercicio del poder. Al entrar en el Gobierno de coalición con el PSOE en 2020, Podemos descubrió que gobernar exige negociar y ceder, algo para lo que un partido de protesta no estaba preparado. El caso del chalet de Galapagar simbolizó la brecha entre su retórica anticapitalista y su realidad cotidiana.
A esto se sumó su dependencia excesiva del liderazgo carismático de Iglesias, la importación de marcos teóricos académicos poco útiles para gestionar políticas reales, y el alejamiento progresivo de la clase trabajadora por priorizar debates identitarios sobre los problemas materiales de la gente corriente. La plataforma Sumar, lanzada por Yolanda Díaz en 2023 como intento de refundación, repitió muchos de los mismos errores y cometió otros nuevos.
El resultado es curioso. Los problemas que originaron Podemos siguen vigentes, pero la izquierda ha perdido credibilidad para afrontarlos. Su electorado se ha dispersado entre el PSOE, la abstención y, en algunos casos, VOX. Una lección sobre cómo dilapidar un capital político descomunal en apenas una década.




Yo les voté en aquel entonces por castigar al PPSOE y porque había que renovar y regenerar la política española, pero cuando mostraron-demostraron que eran otra mierda más para la colección, lo tuve claro. Y desde entonces voto en su contra.