¿Puede Israel acabar con Hamas?

Como a estas alturas ya todos sabemos, el responsable de la infiltración terrorista que sufrió Israel el fin de semana pasado, es Hamas, una organización terrorista que gobierna en la franja de Gaza desde hace dieciséis años. Esa infiltración, que ocasionó cerca de un millar de muertos en el lado israelí, prácticamente todos civiles desarmados, ha ocasionado una guerra, intensos bombardeos sobre Gaza y la movilización de los reservistas del ejército israelí. Con la infiltración sofocada y la franja sometida a un implacable bloqueo por parte de las fuerzas militares israelíes, el Gobierno de Benjamin Netanyahu se ha planteado por primera vez en las tres últimas décadas eliminar de raíz el origen del problema, es decir, la banda terrorista cuya razón de ser es la aniquilación total de Israel.

La intención de erradicar a Hamas de la franja de Gaza es loable, pero muy difícil de llevar a término. Hamas no es precisamente un recién llegado al conflicto. Nació en 1987, poco después del estallido de la primera intifada, como escisión de los Hermanos Musulmanes. Cuenta con un brazo político y otro militar que están entremezclados. Desde su fundación no ha escatimado violencia contra los israelíes y contra todo aquel que se cruzase en su camino, incluyendo otros palestinos como los de Al Fatah, con quienes libró una guerra civil en 2007 para adueñarse del Gobierno de la franja de Gaza. Desde entonces lo ha retenido con apoyo popular, aunque se desconoce cuánto ya que no se celebran elecciones en los territorios de la Autoridad Nacional Palestina desde 2006.

Según los sondeos de opinión, aproximadamente la mitad de los habitantes de la franja apoyan a Hamas, la otra mitad rechaza sus prácticas de Gobierno, entre las que se incluyen la aplicación de la sharía. Quienes no están de acuerdo con Hamas les culpan del régimen dictatorial en el que viven, del bajo nivel de vida de los habitantes de Gaza y de destinar la mayor parte de los recursos disponibles a atacar a Israel. Pero dentro de la franja la oposición no está permitida. Nadie en su sano juicio se atrevería a desafiarles en público, pero todo el que puede huir de la franja lo hace. Desde que Hamas se hizo con el poder en 2007 unas 300.000 personas han emigrado para establecerse en Egipto, en Cisjordania y en otras partes del mundo. Es un viaje sólo de ida ya que regresar es francamente complicado para quien lo intenta, pero son pocos los que quieren volver por allí.

Acabar con Hamas sería, por lo tanto, una bendición no sólo para los israelíes, que son el blanco habitual de sus ataques, sino también para los palestinos, especialmente para los de la franja de Gaza que viven sometidos a su fanatismo y a la tiranía de sus caprichos. El Gobierno de Israel parece decidido a hacerlo, pero hará falta mucho más que bombardeos. Si quieren conseguir ese objetivo tendrán que reocupar la franja, liquidar a los terroristas y, llegado el momento, devolver el control del territorio a la Autoridad Nacional Palestina. No será tarea fácil, pero sería un error suicida dejar este trabajo a la mitad como ha ocurrido en otras ocasiones. La cuestión es saber si, aparte de la intención, Israel posee la capacidad de eliminar a Hamas, acabar con ese santuario del terrorismo y devolver a Gaza a la situación previa a 2005.

En La ContraRéplica:

  • El Airbus A330 MRTT
  • Gaza e Israel
  • El impacto de la educación

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